lunes, 29 de junio de 2020

AÑO BELGRANIANO




A 250 años de su nacimiento y 200 de su muerte, quedó en el imaginario colectivo como el creador de la Bandera nacional. Aquí, expertos e historiadores revalorizan y destacan las virtudes del prócer como estadista, promotor de la educación gratuita, defensor de los derechos de los pueblos originarios, revolucionario y guerrero

Por Fabiana Scherer, La Nación, 20 de junio de 2020


"Se ha dicho, y dicho muy bien, que el estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y porvenir; porque desengañémonos, la base de nuestras operaciones siempre es la misma, aunque las circunstancias alguna vez la desfiguren", reflexionó Manuel Belgrano en uno de sus tantos escritos. A 250 años de su nacimiento y a 200 de su muerte, el 3 de enero último el gobierno nacional declaró el 2020 como el Año del General Manuel Belgrano , resaltando su destacada actuación pública en el proceso que condujo a la independencia de nuestro país en el marco de las luchas por la emancipación sudamericana.

"Esta conmemoración abre una posibilidad para repensarlo menos como prócer o héroe que como uno de los hombres que, confrontado a victorias y derrotas, juicios y honores, críticas y alabanzas, contribuyó a forjar una nueva comunidad política con un destino incierto -analiza Gabriel Entin, investigador del Conicet-Centro de Historia Intelectual-UNQ/UNSAM y doctor en Historia por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (París)-. Como toda gran figura histórica, explorar la historia de Belgrano implica también una interrogación sobre el presente; sobre todo lo que hace de un conjunto de hombres y mujeres, una comunidad política, y sus distancias respecto de los valores, ideales y proyectos de quienes primero imaginaron la posibilidad de una república. Al igual que las naciones, los próceres no nacen; se fabrican. Adentrarse en la fábrica del héroe significa desmitificarlo. Repensar al hombre Belgrano e intentar reconstruir sus concepciones sobre la educación, la patria, la ciudadanía, la guerra, el comercio, quizá permita disipar la bruma del mito y enfrentarse a problemas planteados en la revolución -y aún vigentes- sobre los sentidos de la vida en común".

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, el octavo de dieciséis hermanos (hijo de María Josefa González Casero, santiagueña, y Domingo Belgrano Peri, italiano nacido en Oneglia, que llegó a Buenos Aires hacia 1759) es para el escritor e historiador Felipe Pigna el portador de un pensamiento profundamente innovador para su contexto . "Fue pionero en muchos aspectos: fue el primero en hablar de cuidado del medio ambiente, alertando sobre la contaminación de los ríos y la necesidad de cuidar los suelos, propiciando la rotación e innovación de los cultivos. Promovió la educación popular desde sus célebres Memorias del consulado , a mediados de la década de 1790, donde propone que ese rubro fundamental para el desarrollo de las sociedades debe ser obligatorio y a cargo del Estado, y donando enteramente el premio en metálico otorgado por sus triunfos en Salta y Tucumán para la construcción de cuatro escuelas. Fue el primero en hablar de género en estas tierras, proponiendo que la mujer acceda en igualdad de condiciones a los tres niveles de la enseñanza. Fue un notable promotor de la industria, creando la escuela de dibujo técnico, cerrada al poco tiempo por el virreinato, y sentando las bases de la necesaria complementariedad entre las producciones pecuarias y agrarias y su conversión en manufacturas".

En estos tiempos de revisionismo histórico, lejos quedaron las imágenes de seres impolutos, lo que claramente hizo tambalear el panteón de los próceres. "La historiografía nacionalista argentina se construyó a partir de una narrativa basada en próceres o héroes de la Nación -destaca Gabriel Entin-. Elevado a héroe, el prócer adquiere un carácter mítico. Y esto representa un problema para la comprensión histórica. No es lo mismo estudiar a Belgrano como prócer que como un hombre atravesado, al igual que todos los revolucionarios en la década de 1810, por ambigüedades y tensiones . Como mito, Belgrano puede presentarse como un héroe militar, creador de las escuelas de primeras letras y de la Bandera de la Argentina. Como hombre, Belgrano aparece como un miembro ilustrado de la élite de Buenos Aires durante el Virreinato, convertido intempestivamente en militar con la resistencia a las invasiones inglesas, y uno de los revolucionarios de 1810 confrontados ante la incertidumbre política abierta con la organización de la Primera Junta y su principal desafío: la construcción de una nueva legitimidad política. Las nuevas generaciones pueden entonces observar a Belgrano menos como una pieza de museo o una estatua, que como parte activa de un contradictorio experimento revolucionario en el Río de la Plata".

En esta revisión, "cada generación ve el pasado en función de su presente -destaca Gabriel Di Meglio, historiador doctorado en la Universidad de Buenos Aires e investigador independiente del Conicet-, y es por eso que se rescata, por ejemplo, el hecho de que Belgrano supusiese importante la educación de las mujeres, a diferencia de otros contemporáneos. Tiene que ver con la agenda del hoy. Creo que los próceres son interesantes para pensar la historia, pero solo si los tomamos como parte de procesos colectivos. San Martín no cruzó los Andes solo, Belgrano creó la Bandera como parte de un proyecto colectivo de revolución. Ahí radica su importancia . También, es necesario pensarlos con sus cambios a lo largo del tiempo, sus contradicciones, sus logros y sus fracasos. Y Belgrano tuvo de todo eso".

Las disputas por quiénes deben formar parte del panteón de los próceres nos viene acompañando desde el temprano siglo XIX. "Es una palabra que puede significar muchas cosas y llenarse de diversos contenidos según quién la enuncie -sostiene Marcela Ternavasio, historiadora e investigadora argentina especializada en el estudio de la evolución de las instituciones políticas argentinas durante el siglo XIX-. Son parte de las controversias por las memorias del pasado y de un debate particularmente intenso en la Argentina desde los años 30 del siglo XX. De manera que cada grupo puede construir su propio panteón, aunque es obvio que el Estado ha cumplido y sigue cumpliendo un papel central en la configuración de las memorias oficiales".

¿Hombre de acción o intelectual?

"Mucho me falta para ser un verdadero Padre de la Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella", confesó el hombre al que Mitre definió como "educacionista, literato, jurisconsulto, filántropo y economista social durante la época colonial. Belgrano es en su género un tipo único en la revolución sudamericana. Uno de aquellos caracteres históricos que ganan en la intimidad. Él será más apreciado cada día a medida que vayan revelándose las páginas ignoradas de su vida".
En el pensamiento de Jorge Myers, licenciado/magíster en Historia (Universidad de Cambridge, Reino Unido) y magíster/Ph.D. en Stanford, Estados Unidos, e investigador del Centro de Historia Intelectual, "letrado patriota" es la definición que elige al referirse a Belgrano: "Fue una figura cuyo pensamiento y accionar fueron extremadamente complejos. Tuvo dos carreras claramente diferenciadas a lo largo de su vida: economista dedicado a la función pública y al periodismo, y militar revolucionario que en ocasiones participó en política activa . Y en ambas desplegó una inteligencia aguda y sutil. Se hizo revolucionario no por oposición a la monarquía como forma de gobierno, sino porque era un legitimista de convicciones fuertes. Combinó en su pensamiento elementos fuertemente arraigados en la tradición política española con conceptos de avanzada tomados de la Ilustración y del propio ideario revolucionario de Mayo, que los letrados patriotas fueron construyendo sobre la marcha. Junto con Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia, es uno de los auténticos autores de nuestro nacimiento como pueblo independiente de España, con vocación de modernidad y de justicia para todos sus ciudadanos".

Lo más interesante, para Felipe Pigna, es que Belgrano fue ambas cosas: "Un notable intelectual, egresado de Salamanca, gran lector de los filósofos previos pero de gran influencia en la Revolución Francesa, como Rousseau, Voltaire y Montesquieu; y los economistas fisiócratas, como el italiano Filangieri y el francés Quesnay. Fue pionero de nuestro periodismo al participar en la fundación del primer periódico del Río de la Plata, El Telégrafo Mercantil , y del segundo, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio . Su calidad intelectual es muy notable. Alberdi ubica a su Reglamento para los pueblos de las Misiones, dictado en diciembre de 1810, entre los antecedentes de nuestra Constitución. Fue el artífice de una epopeya militar única como el Éxodo jujeño, y las victorias de Tucumán y Salta".

Doctor en Historia y Civilización por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, Alejandro M. Rabinovich asegura que estamos ante "un intelectual que, en circunstancias normales, hubiera desarrollado una exitosa carrera dentro de la burocracia española, colaborando tal vez con los importantes negocios de su familia. Lo que me parece atrayente, e incluso un poco conmovedor de Belgrano como personaje, es la manera en que reacciona en el momento en que esas circunstancias normales terminan ante el estallido revolucionario en el mundo hispano. Lejos de resguardarse en su posición de funcionario letrado, aceptó el reto de poner el cuerpo allí donde la revolución lo necesitaba , sin medir en absoluto las consecuencias personales. Cuando uno lee los fragmentos de su autobiografía, se encuentra con una persona muy lúcida que entiende y reconoce antes que nadie las limitaciones que tenía como militar. Belgrano comprende que el futuro de su patria se va a definir en los campos de batalla, y hace lo que puede para prepararse. Por un lado, contrata a un sargento para que le enseñe las voces de mando y el manejo de las armas. Por el otro, se pone a leer cuanto manual de táctica cae en sus manos. Al estallar la Revolución de Mayo, este general improvisado va a tener que comandar operaciones que, en otras circunstancias, hubiera recaído en personas con décadas de formación profesional. ¿Es un buen general de combate? Por supuesto que no: en Tucumán, prácticamente se pierde en el campo de batalla; en Vilcapugio y Ayohuma comete errores tremendos. Pero compensa sus deficiencias con una buena capacidad organizativa, una férrea disciplina y, sobre todo, con un coraje que más que marcial es cívico: poner la patria antes que todo, cualquiera sea el costo".

En 1812, Manuel Belgrano fue nombrado jefe del Ejército del Norte, con el que obtuvo un importante triunfo en el llamado Campo de las Carreras, de Tucumán. "El 24 de septiembre de ese año frena el avance de las tropas realistas hacia el interior de los territorios del virreinato. La victoria de Belgrano en Tucumán fue decisiva -afirma Noemí Goldman, doctora en Historia por la Universidad de París-. Se evitó la pérdida total de los territorios del norte en manos realistas.

Fue también fundamental la participación de la caballería gaucha, situación que marcaría los modos de hacer la guerra en el norte. Sin embargo, el Alto Perú quedó en manos realistas después de varias derrotas del ejército en los años siguientes en Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe". En este pensar en Belgrano como hombre de acción e intelectual, Goldman remarca que junto con San Martín, en 1816, impulsó fuertemente la Declaración de Independencia. "La primera forma de gobierno que entró en debate, en la sesión secreta del 6 de julio, fue la de la monarquía inca . Su promotor fue Belgrano, y lo hizo basándose en dos principios: debía ser una monarquía constitucional y sería encabezada por algún descendiente inca. Esta propuesta suscitó, sin embargo, intensos debates y luego fue abandonada".

El estadista

"Más que abogado por formación, Belgrano fue un economista por vocación -sostiene el periodista y escritor Daniel Balmaceda-. A partir de 1794, como secretario del Consulado, aplicó sus novedosos conocimientos en todos los campos de la producción. Se propuso proteger el comercio, animar la industria y, sobre todo, fomentar la agricultura. Planteó la rotación de cultivos, la necesidad de forestar para mantener la humedad y evitar la erosión; la incorporación de nutrientes naturales, la utilización de estiércol como abono y el aprovechamiento del lodo. En ese tiempo, escribió una frase contundente: 'Toda riqueza que no tiene origen en el suelo, es incierta'".

Manuel Belgrano vio nacer su vocación por la economía, como lo señaló en sus escritos, cuando estalló la Revolución Francesa, en 1789. "La lectura de textos franceses de economía grabó en su corazón los principios de libertad, igualdad, seguridad y propiedad, como fundamentos de las organizaciones sociales", destacó Manuel Fernández López, el ya fallecido historiador del pensamiento económico. "En la Universidad de Salamanca, Belgrano participó de la Academia de Derecho Romano de Economía política y Práctica forense, donde recibió la influencia de Ramón de Salas y Cortés -destaca Elsa Caula, doctora en Historia, investigadora del IECH-UNR Conicet-. Este contexto de formación y de debate fue el que despertó su interés por la economía política y el derecho público".

El intendente del partido bonaerense de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, coautor de Belgrano, la revolución de las ideas , no duda en señalar que estamos frente al primer estadista-educador de la sociedad criolla : "Uno de sus ejes fue agregar valor local a los productos propios y educar al pueblo en oficios útiles. Tuvo una propuesta de políticas públicas para consolidar el rol de estado positivamente en la vida de la sociedad". Insistía en que el país debía industrializarse. "Ya en la primera de sus Memorias consulares , sostenía la necesidad de desarrollar la agricultura y la industria -destaca Pigna, autor de la biografía Manuel Belgrano. Vida y pensamiento de un revolucionario -. Desconfiaba, en cambio, de la riqueza fácil que prometía la ganadería, porque daba trabajo a muy poca gente, no desarrollaba la inventiva, desalentaba el crecimiento de la población y concentraba la riqueza en pocas manos".

"Todo depende y resulta del cultivo de las tierras; sin él no hay materias primeras para las artes; por consiguiente, la industria que no tiene cómo ejercitarse no puede proporcionar materias para que el comercio se ejecute. Cualquier otra riqueza que exista en un estado agricultor será una riqueza precaria y que, dependiendo de otros, esté según el arbitrio de ellos mismos", sostenía.

En esa búsqueda de reactivación de la economía en el virreinato, desde la perspectiva colonial, Belgrano pensó en el cannabis . "En España, donde se formó, fue una época en la que el uso industrial del cannabis (cáñamo) era clave para la economía, por su importancia en la industria naval, sobre todo -destaca el periodista Fernando Soriano, autor el libro Marihuana, la historia. De Manuel Belgrano a las copas cannábicas -. Él quería impulsar el desarrollo de la agricultura, producir la materia prima para enviar a España. Del cultivo destacaba su importancia como manufactura y las fuentes de trabajo que generaba. El cannabis era central en su idea luego desarrollada de creación de las escuelas de Agricultura y Náutica. Buscaba reactivar la industria naval y para eso necesitaba frutos que exportar. El del cáñamo era en aquellos años comparable al negocio de la soja o el petróleo. Necesitabas de su fibra para hacer mover los barcos. No logró llevar adelante su plan porque se enfrentó a la resistencia interna y externa".

En contrapartida a lo que la investigadora Marcela Ternavasio sostiene como "relatos canónicos que lo califican de gran estadista, Belgrano, más que un estadista innovador, fue un impulsor de una mejor inserción de la economía rioplatense e imperial en el contexto de la economía atlántica. Y en este sentido, su rostro de funcionario y aspirante a letrado reformista formaba parte de las trayectorias de muchos criollos que buscaban posicionarse en espacios expectables dentro de la monarquía y que albergaban el deseo de modernizar sus estructuras más anquilosadas".

Para Valenzuela, lo que Belgrano proponía como estadista era un cambio conceptual, "lo opuesto al mercantilismo que suponía: comprar por cuatro para vender por ocho, y para lograr ese cambio postulaba la centralidad del trabajo manual e intelectual como eje de la vida comunitaria".

Educación, el gran cambio social

En el Río de la Plata, como funcionario y como periodista buscó difundir los conceptos básicos de la economía política , que en ese entonces era una disciplina nueva y despertaba grandes expectativas. "Con la intención de contribuir a la mayor prosperidad del país -relata Jorge Myers- deseaba promover la enseñanza de materias que faltaban en suelo argentino, como náutica, dibujo, etcétera. En 1810, en vísperas de la Revolución de Mayo, confiaba en el poder de la educación para transformar de manera positiva a los habitantes del Río de la Plata. Cabe recordar que en el marco del absolutismo de los virreyes, la única transformación posible era por vía de la educación: 'difundir las Luces'". El concepto de emancipación de los pobres a través de la educación estaba, según Myers, generalizado entre los miembros de su generación: "La educación debía preparar a los súbditos del Monarca para ser trabajadores, y a través del trabajo se podría combatir el mal endémico de España y su Imperio, la miseria profunda en que yacía gran parte de la sociedad. Pero solo se lograría ese fin si también iba acompañada la reforma educativa por otras medidas, como la progresiva adecuación de la legislación a las leyes naturales que la ciencia de la economía política parecía haber demostrado de modo incontrovertible. Moreno, y años más tarde, Rivadavia y su grupo, repetirían estos conceptos y buscarían consagrarlos en la legislación nacional o provincial".

Carina Cabo, doctora en Ciencias de la Educación a cargo de la Secretaría de Cultura y Educación de Rosario, considera que Belgrano fue el primero en plasmar en el plano educativo las ideas de la Revolución Francesa . "En este sentido, se adelantó a Sarmiento, ya que la primera Ley de educación (N°1420), que promovía educación gratuita, laica, obligatoria y gradual, se promulgó el 8 octubre 1884. Belgrano insistía en que uno de los principales medios para mejorar las condiciones de vida de los sectores más postergados era crear escuelas gratuitas, política que debía incluir a las niñas también. Sostenía que los jueces debían obligar a los padres a enviar a sus hijos a la escuela. A su vez, amplió la visión acerca de los nuevos sujetos pedagógicos; creía que todos debían acceder a la educación: los desposeídos, los indios, los huérfanos y los pobres. En su Memoria consular de 1795, señalaba: 'He visto con dolor, sin salir de esta capital, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria y desnudez (.). Esos miserables ranchos, donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto'".

Las narrativas históricas que le atribuyen a Belgrano calificaciones que hablan el idioma contemporáneo suelen ser, para Marcela Ternavasio, anacrónicas. "Postular que proponía una educación igualitaria e inclusiva o derechos de igualdad entre varones y mujeres para comienzos del siglo XIX implica desvirtuar los horizontes en los que pensó y formuló sus ideas al respecto. Ideas que no venían a romper con las jerarquías sociales o con las desigualdades de género vigentes y que se inscribían dentro del molde de la sensibilidad ilustrada que propugnaba expandir la educación para civilizar las costumbres y formar habitantes útiles para el trabajo. Hoy diríamos que los conceptos de utilidad felicidad eran las palabras claves del lenguaje ilustrado, y en ellos el de educación estaba muy ligado a la nueva economía política y a la definición de los roles que se esperaban en los comportamientos de hombres y mujeres. El diagnóstico formulado por los ilustrados era que el mayor problema a resolver residía en la pereza y ociosidad, y por ello el secretario del Consulado insistía en sus Memorias allí presentadas que las mujeres debían ser educadas como madres de familias útiles , entrenadas en el mejor desempeño en el hogar y, si era necesario, emplearse en servicios lucrativos para aliviar la carga de los padres. Sería excesivo y anacrónico exigirle a Belgrano un discurso democrático y feminista".

Defensor de la libertad de prensa

" Entendió al periodismo como un sistema de difusión de ideas -remarca Balmaceda-. En materia económica, lo hizo en el Correo de Comercio , que fue el medio por el cual dejó plasmadas sus propuestas. Mientras que, ya en plena guerra de la independencia, no se privó de distribuir gacetas para que aquellos que no tenían acceso a esta información pudieran enterarse de las ideas que se gestaban en Buenos Aires. Incluso, en cierta oportunidad, les escribió a los redactores de la Gaceta de Buenos Aires para pedirles que enmendaran una publicación referida a su campaña que consideraba incompleta".

Un claro defensor de la libertad , así lo destaca Felipe Pigna al reproducir las palabras publicadas por Belgrano el 10 de agosto de 1810 en el Correo de Comercio : "Solo pueden oponerse a la libertad de la prensa los que gusten mandar despóticamente, o los que sean tontos que no conociendo los males del gobierno, no sufren los tormentos de los que los conocen, y no los pueden remediar por falta de autoridad; o los muy tímidos que se asustan con el coco de la libertad, porque es una cosa nueva, que hasta ahora no han visto en su fuerza, y no están fijos y seguros en los principios que la deben hacer tan amable y tan útil (...) Pero quitarnos las utilidades de la pluma y de la prensa, porque de ellas se puede abusar, es una contradicción notoria y un abuso imperdonable de la autoridad, y es querer mantener a la nación en la ignorancia, origen de todos los males que sufrimos".

Romper con las etiquetas

"El episodio narrado por Bartolomé Mitre en 1857 resulta clave para que, en la construcción de la memoria, la posteridad de Belgrano quede vinculada con la creación de la Bandera -reflexiona el doctor en Humanidades y Artes, Alejandro Eujanian-. Imagen que se afirmó en 1873, cuando el presidente Domingo Faustino Sarmiento inauguró la estatua ecuestre en la Plaza de Mayo. En ese mismo acto, se privilegió la imagen de Belgrano como creador de la Bandera y se suprimieron los otros aportes. Tanto es así que la fecha de su muerte, el 20 de junio, se estableció por ley, en 1938, como el Día de la Bandera".

Pigna considera que se ha construido una historia de especialistas en el calendario escolar: "Queda muy cómoda esa distribución de roles y etiquetas. San Martín cruzó los Andes; Belgrano creó la Bandera y Sarmiento fundó escuelas. Unas efemérides pensadas en educandos de hace un siglo a los que había que ocultarles algunas de las materias primas de la historia: el conflicto, las diferencias sanas y lógicas de pensamiento. Se construyó un relato urgente pensando que la historia era simplemente un acto escolar y una materia aburrida en la secundaria a la que los ciudadanos no necesitaban ni querrían volver, anulando algunas de las claves de la ciudadanía, la ejemplaridad bien entendida; el conocimiento del pasado para mejorar el presente y planificar mejor el futuro; la identidad y el lógico vínculo, tan indiscutible en las sociedades más avanzadas, entre su pasado y su presente. Eso, por suerte, se cae a pedazos, y las nuevas generaciones ya no lo admiten".

En ese sentido, Daniel Balmaceda reconoce que "esas etiquetas terminan siendo injustas para cada una de nuestras figuras del pasado. Belgrano tuvo una actuación relevante y fundamental como economista. Su aporte no ha sido valorado en su justa medida. Tampoco, su acción diplomática y política. Incluso, su labor como militar. Este año, tenemos esa oportunidad de poner en la superficie todo ese cúmulo de actividades que ha desarrollado".

Convencido de que como sociedad tenemos una gran deuda pendiente con los padres fundadores de la patria, el director del Instituto Nacional Belgraniano, chozno de quien le legó su nombre, Manuel Belgrano, ansía en este año de conmemoración la unión de los argentinos en pos de la construcción de una gran nación.


jueves, 22 de noviembre de 2018

Bernardo de Monteagudo: RELACIÓN DE LA GRAN FIESTA CÍVICA CELEBRADA EN CHILE EL 12 DE FEBRERO DE 1818

A un año de la proclamación de la independencia de Chile, Monteagudo publicó este relato acerca de hechos trascendentes que lo tuvieron como testigo privilegiado. 

A cien años de la independencia de Chile, este documento 
permite conmemorar ese acontecimiento acudiendo a una fuente que permite acercarse a la vivencia y mirada de un protagonista que lo celebra en su primer aniversario.





Hoy hace un año que las armas de la PATRIA reconquistaron á Chile del poder español, y restablecieron ese orden de acontecimientos que la fuerza no puede ya interrumpir sino mientras oprime. ¡Quan diferente era entonces nuestra situación de lo que hoy es! La noche misma que precedió á la Aurora de este día, sólo sirvió entonces para ocultar la palidez y el temor que retrataban en todos los semblantes la inquietud de un Pueblo oprimido, que espera el día de una gran batalla para ver rotas sus cadenas ó quedar abrumado con su peso. Nadie buscó en aquella noche el lugar del reposo, sino para gemir sin ser visto y pensar libremente sobre los riesgos á que estaba expuesta su suerte y la de su familia, si la vicisitud de las armas burlaba el coraje de nuestros bravos. Era preciso que todos afectasen dormir para substraerse á la vista de los que asechaban las miradas y aun las relaciones domesticas como indicios de crimen. ¿Qual fue el padre de familia que mientras duraban las tinieblas, no se ocupó en calcular el número de las víctimas que serían inmoladas en su casa por el número de hijos que le quedaban? Es verdad que la esperanza de una victoria alternaba algunas veces con la angustia: pero la esperanza en los grandes peligros no sirve sino para encarecer el temor. 

Al fin, al fin amaneció el día de Chacabuco, y su luz disipó todas las sombras de la incertidumbre: aquel día respiró la naturaleza, las madres vieron nacer de nuevo á sus hijos, y los Chilenos volvieron á pertenecer á su pais. El 12 de Febrero de 817 fué un solemne presagio del 12 de Febrero de 818: en la historia abreviada de estos dos días encontrarán las generaciones venideras la data de su emancipación y el título autentico de su patrimonio: la sangre que costó á nuestros guerreros el primero, y las lágrimas de placer que ha derramado el Pueblo en el triunfante aniversario que hoy celebra, dexan sellado para siempre el sublime destino de los Chilenos. Una revolución tan memorable en los anales del género humano ha excitado transportes que sólo pueden apreciar las almas sensibles, porque entre ellas hay un lenguaje que el corazón no ha revelado á la lengua. ¡Felices los que habiendo sido testigos del entusiasmo público no necesitan lér la relación de la gran fiesta cívica de Chile para graduar la energía de sentimientos que ha desplegado este gran Pueblo al ver enarbolado el Estandarte de su INDEPENDENCIA! Los que han visto amanecer este día, han vivido en un momento más que las tres generaciones precedentes. Que importa consagrar el resto de nuestra existencia á sostener esta grade obra? La unión de sentimientos, el amor al orden y la constancia apresurarán la época en que deben cesar nuestros sacrificios, para empezar á disfrutar la paz y la prosperidad que está reservada á los pueblos libres.

El 9 de Febrero se anuncio por un bando Nacional el orden que se observaría en las fiestas cívicas: desde aquel momento el Pueblo esperaba con impaciencia la noche del 11 para desplegar el entusiasmo de que esta ba poseído: apenas llegó la hora deceada, un grito de alegría universal acompañó al estruendo del cañón que tantas veces há hecho palpitar el corazón de la PATRIA anunciando la llegada de un nuevo opresor ó el nací-miento de un principe que á su turno aumentaría los eslabones de la cadena que arrastraba la América. 

Apesar del regosijo con que todos pasaron esta noche, ella pareció demaciado larga por la impaciencia con que todos deceaban saludar la Aurora del 12: Al toque de diana se formaron en la plaza mayor las tropas de línea, y las guardias cívicas de infantería y caballería. Entre tanto el concurso se aumentaba de tal modo, que ya excedía la capacidad de este vasto espacio. Poco después de las seis apareció sobre el orizonte el precursor de la libertad de Chile. En este momento se enarboló la bandera Nacional, se hizo una salva triple de artillería, y el Pueblo con la tropa saludaron llenos de ternura al sol mas brillante y benéfico que han visto los Andes, desde que su elevada cima sirve de asiento á la nieve que eternamente la cubre. Luego se acercaron por su orden los alumnos de todas las escuelas publicas, y pues tos alrededor de la bandera cantaron á la PATRIA himnos de alegría que exitaban un doble interés por su objeto, y por la suerte venturosa que debe esperar la generación naciente destinada á recoger los primeros frutos de nuestras fatigas. Los padres y madres que veían á sus inocentes hijos levantar las manos al cielo é invocar el dulce nombre de la PATRIA, han gozado sin duda un placer capaz de indemnizarles la cruel necesidad en que antes han vivido de suspirar por ser estériles. A las nueve de la mañana concurrieron al palacio directorial todos los tribunales, corporaciones, funcionarios públicos y comunidades: luego entró el Excmo. Sr. Capitán General D. José de San Martin acompañado del Sr. Diputado del Gobierno Argentino D. Tomás Guido y la plana mayor: á las nueve y media salió el Excmo. Sr. Director precedido de esta respetable comitiva, y se dirigió al tablado de la plaza principal: las decoraciones de este lugar correspondían á la dignidad de su objeto, y en el centro de su frente se distinguía el retrato del General San Martin. 

Luego que los concurrentes tomaron sus respectivos asientos, el Fiscal de la Cámara de Apelaciones hizo al pueblo la siguiente alocución en nombre del Gobierno. "Ciudadanos: escuchad los sentimientos del Supremo Gobierno, que me ordena instruiros de vuestros deberes. Vais ya á proclamar la ley más augusta del código de la naturaleza. Os vais á declarar libres, é independientes de toda dominación extraña; y con este decreto vais á romper las atroces cadenas que ós han oprimido por 300 años. Vais a dar todo su valor al País mas favorecido de la providencia; y ya el producto de vuestra industria, y agricultura lo solicitarán con emulación, y le proporcionarán las mas útiles ventajas los demás pueblos de la tierra. Vais á franquear vuestros mares y comercio á todas las Naciones; ós traherán la abundancia, la comodidad y la cultura. Vais á abrir á vuestros hijos la carrera del honor, de los empleos, del comercio, y el desarrollo de las virtudes, y talentos que con tanto esfuerzo se empeñaba en sofocar el sistema colonial. Vais en fin'á colocaros en el punto donde adquirió Roma toda su grandeza, Holanda su prosperidad, los Estados-Unidos del Norte aquel inmenso comercio que los hace dueños de todas las producciones del Mar y Tierra. 
"Pero créd á la experiencia, y á vuestro gobierno. No es la solemne, y augusta ceremonia con que publicáis este decreto la que debe haceros felices: son las virtudes y el desempeño de los heroycos deberes en que ós vais á constituir, los que han de traher ésas ventajas.
Padres de la PATRIA, Magistrados de Chile, mirad que al jurar la INDEPENDENCIA ós encargáis de las virtudes de Bruto, y de Washington. Militares defensores del Estado: para proteger la INDEPENDENCIA se ós presentan los modelos de Horacio, de Curcio y de los Decios. Ciudadanos todos, el paso de las Thermopilas, y los campos de Platea, y Marathón, ós aseguran que sin la mas estrecha unión, y la resolución mas firme no se alcanza la gloria, y el respeto á que conduce una LIBERTAD, é INDEPENDENCIA bien sostenida. Pueblos de Chile, en el momento que declaráis la INDEPENDENCIA ós obligáis á ser unidos, virtuosos, y valientes. 
"Pero vosotras almas déviles no creáis ciertamente que éste es un paso imprudente, y arrojado. El invariable sistema de la España la atroz y obstinada conducta del rey Femado, y la impacable y constante ferocidad de sus mandatarios nos han convencido en el espacio de ocho años que yá no hay mas paz ni tranquilidad para la América, que la que ella se gane por su exfuerzo y por sus resoluciones. Americanos afectos á la causa de España (si puede existir alguno en éste dia) alucinaos, si sois tan infelices; pero dos años y medio de los presidios y calabozos de Chile, y ocho de los reos de sangre que se han derramado en America, ós deben desengañar que la guerra no es ya entre realistas y patriotas, sino entre españoles y americanos; y que vosotros siempre seréis victimas aunque les consagréis vuestra vida y vuestras fortunas. Españoles europeos, el dia que Chile se declara libre é independiente á la faz del Cuelo y de la tierra, no ós queda otro partido que ser hijos fieles del pais donde labrasteis vuestra fortunas, donde pensáis morir y propagar vuestra descendencia; ó abandonad para siempre un suelo que no ós puede ser grato á pesar de tantos beneficios."

En seguida se leyó por el Sr. D. Miguel Zañartu, Ministro de Estado en el Departamento de Gobierno, la Acta de la INDEPENDENCIA concebida en estos términos. "La fuerza ha sido la razón suprema que por mas de trecientos años ha mantenido al nuevo-mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus mas grandes deberes. Era preciso que algún dia llegase el término de esta violenta sumisión: pero entretanto era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrilego á sus pretensiones, y no hace mas que desacreditar la justicia en que se fundan. Estaba reservado al siglo 19 el oír á la Amé rica reclamar sus derechos sin ser delincuente, y mostrar que el periodo de su sufrimiento no podía durar mas que el de su debilidad. La revolución del 18 de Septiembre de 1810 fué el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos á que lo llamaba el tiempo y la naturaleza: sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto á la América sobrevivirá al transtorno de todos los abusos. Este último desengaño les ha inspirado naturalmente la resolución de separarse para siempre de la Monarquía Española, y proclamar su INDEPENDENCIA á la faz del mundo. Mas no permitiendo las actua les circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público; hemos mandado abrir un gran registro en que todos los Ciudadanos del Estado sufraguen por si mismos libre y expontaneamente por la necesidad urgente de que el gobierno declare en el dia la Independencia ó por la dilación ó negativa: y habiendo resultado que la universalidad de los Ciudadanos está irrevocablemente de cidida por la afirmativa de aquella proposición, hemos tenido á bien en exercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los Pueblos, declarar solemnemente á nombre de ellos en presencia del Altísimo, y hacer saber á la gran confederación del género humano que el territorio continental de Chile y sus Islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España, con plena aptitud de adoptar la forma de gobierno que mas convenga á sus intereses. Y para que esta declaración tenga toda la fuerza y solidez que debe caracterizar la primera Acta de un Pueblo libre, la afianzamos con el honor, la vida, las fortunas y todas las relaciones sociales de los habitantes de este nuevo Estado: comprometemos nuestra palabra, la dignidad de nuestro empleo, y el decoro de las armas de la PATRIA; y mandamos que con los libros del gran registro se deposite la Acta original en el archivo de la Municipalidad de Santiago, y se circule a todos los Pueblos, Exércitos y Corporaciones para que inmediatamente se jure y quede sellada para siempre la emancipación de Chile. Dada en el Palacio Directorial de Concepción á 1 de Enero de 1818, firmada de nuestra mano, signada con el de la Nación y refrendada por nuestros Ministros y Secretarios de Estado, en los Departamentos de Gobierno, Hacienda y Guerra.— Bernardo O'Higgins— Miguel Zañartu— Hipólito de Villegas— José Ignacio Zenteno."

Después de leida la Acta se postró el Exmo. Sr. Director, y poniendo las manos sobre los santos evangelios hizo el siguiente juramento. "Juro á Dios y prometo á la PATRIA baxo la garantía de mi honor, vida y fortuna sostener la presente declaración de INDEPENDENCIA absoluta del Estado Chileno, de Fernando VII, sus succesores, y de cualquiera otra nación estraña." Luego exigió él mismo igual juramento al Sr. Gobernador del Obispado, quien á la formula anterior añadió en los transportes de su zelo la clausula que sigue.— Y asi lo juro, porque creo en mi conciencia que esta es la voluntad del Eterno. Seguidamente recibió S. E. el juramento al Sr. General San Martin como á Coronel Mayor de los Exércitos de Chile, y General en Gefe del Exército Unido. Entonces el Sr. Ministro de Estado en el departamento de Gobierno lo llamó simultáneamente á todas las corporaciones y funcionarios públicos, y después el Sr. Presidente de Cabildo batiendo el pabellón nacional por los quatro ángulos del tablado, recibió al pueblo el juramento en la forma que sigue. "Juráis á Dios y pro metéis á la PATRIA baxo la garantía de vuestro honor, vida y fortuna sostener la presente INDEPENDENCIA absoluta del Estado Chileno, de Fernando VII, sus succesores y de qualquiera otra nación extraña?"

Aún no había acabado el pueblo de oír estas ultimas palabras, quando el cielo escuchó el primer juramento digno del pueblo Chileno. En este acto se arrojaron me dallas de la jura, y se hizo otra descarga triple de artillería: luego baxó el acompañamiento, y se dirigió á la plaza de San Francisco, donde el Presidente del Cabildo acompañado de dos regidores subió á un tablado á exigir del pueblo el mismo juramento; y de allí regresó á la casa del General San Martin, quien después de felicitar á la comitiva por el grande acontecimiento de este dia y felicitarse á sí mismo de haberlo presenciado, re novó las protextas que tantas veces tiene hechas de sostener la libertad de Chile empleando todo su zelo y consagrando hasta su propia existencia: su lenguaje retrataba el fondo de su sinceridad no menos que la firmeza de sus intenciones, y nadie pudo escucharle sin conmoverse y presagiar victorias a la PATRIA. Luego salió por su orden el acompañamiento, y siguió hasta el Palacio del gobierno donde dexó á su Excelencia. El 13 á las 9 de la mañana salió el Director Supremo con la misma comitiva, y se dirigió á la plaza de la Merced donde repitió el Presidente del Cabildo la ceremonia del dia anterior, y concluida volvió sobre sus pasos la comitiva, dirigiéndose á la plaza de la Universidad con el mismo objeto. De allí regresó á las once de la mañana por la misma calle hasta llegar á la Catedral: aquí se cantó con toda la magnificencia posible un solemne Te Deum, que terminó las funciones de este dia. 

El 14 á las 9 de la mañana salió de palacio el Di rector Supremo con el mismo acompañamiento de los días anteriores, y asistió á la iglesia Catedral á la misa de acción de gracias que se celebró, después de la qual dixo el D. D. Julián Navarro una oración análoga á las circunstancias del nuevo destino á que es llamado por la providencia el Estado de Chile. Concluida esta función, las Autoridades, Presidentes de Tribunales y Corporaciones pasaron á felicitar al Gobierno y ofrecerle los votos de patriotismo y entusiasmo nacional por la consolidación de nuestras nuevas instituciones, por la paz interior y por el buen suceso de las armas de la PATRIA. El embiado argentino fué el primero que tomó la palabra, y dirigiéndose al Director Supremo, dixo: Por fin llegó señor el momento suspirado de publicar ante el genero humano que Chile es libre, y que se ha abjurado para siempre el dominio de los reyes de España. Vuestra nación afligida con todos los horrores de una guerra de ambición y venganza, obscurecida por un sistema tenebroso del gavinete de Madrid, y degradada por un código calculado para oprimir, tocó el termino de su sufrimiento y acredito ante todos los hombres, que permaneció en sumisión á sus conquistadores, mientras el derecho de la fuerza prevaleció al de la justicia, al de la razón y de la naturaleza. Este grande acontecimiento que restablece la dignidad, la opulencia, la igualdad, la ilustración, la paz, el poder y el esplendor de una porción preciosa del nuevo mundo, sonará como un trueno en las capitales de la Europa, é inspirando un dulce consuelo á los amigos de la especie humana, se aplaudirá por los liberales del mundo y se escuchará con sobresalto por el rey Fernando, y sus satélites; pero al llegar á noticia de mi gobierno excitará en el la emoción mas tierna de contento y satisfacción por la LIBERTAD de sus caros hermanos cuya suerte ha ocupado tan eficazmente sus desvelos. Los ardientes votos de las provincias unidas del Sud se han cumplido ya, y sus esfuerzos, la sangre de sus hijos derramada en este dichoso suelo por la destrucción de los tiranos, y quantos sacrificios les sea necesario renovar en auxilio de los hijos de Chile serán indemnizados de hoy en adelante con el placer de verlo libre feliz é independiente. Con tales sentimientos de gozo y el mas alto respeto ante V.E. y demás magistrados del pueblo que me cercan, reconozco á nombre de mi gobierno la soberania del Estado Chileno y su absoluta INDEPENDENCIA. Quiera el Cielo que ella sea tan eterna como ha sido heroyca la resolución de proclamarla: que la unión dé consistencia á la LIBERTAD que habéis adquirido: que una constancia inalterable contra los enemigos de la PATRIA des cubra en vos el espíritu de Bruto: que un olvido eterno de los vicios de la administración colonial haga la felicidad de vuestros semejantes, y que la posteridad bendiciendo este dia lo recuerde con lagrimas de gratitud como el origen de todos sus bienes. Tales son los fervorosos deseos de mi gobierno, los de mis conciudadanos y los mios personales. Recíbelos Señor, como el tributo de la buena fe, con la seguridad que hasta que baje al sepulcro numeraré entre las horas mas dichosas de mi vida, la de haberos felicitado hoy el primero á nombre del Estado Argentino por la emancipación de Chile. Concluidas las felicitaciones se retiró la comitiva, y en la noche de este dia se sirvió en el Palacio del Gobierno un brillante refresco, siguiéndose después las diversiones de que se hablará luego. 

El 15 dio un gran convite el embiado de las Provincias—Unidas al Director Supremo y todos los funcionarios públicos de ambas listas, con algunos vecinos de distinción que componían el número de 70 á 80 personas: en esta función el gusto rivalizaba la abundancia, y la alegría de los convidados igualaba la sinceridad de sentimientos que los unía. Es imposible formar idea del interesante espectáculo que ha ofrecido Chile desde el 11 hasta el 16 por la no che: la variedad y brillantes de los fuegos de artificio, las iluminaciones publicas, las músicas y coros patrioticos que se encontraban por todas partes, las danzas y pantomimas que formaban los quince gremios de la Ciudad, y la maestranza compuesta de 580 hombres, vestidos con variedad en las formas, pero con uniformidad en los colores, para guardar consonancia con los del Pabellón, los carros triunfales que estos conducían llevando cada uno de ellos diferentes símbolos que re presentaban la fama, el árbol de la LIBERTAD, la Amé rica y otros objetos análogos á estos dias; la Bandera tricolor que puesta en las fachadas de todas las casas al lado del Pabellón Argentino ofrecían un golpe de vista tanto mas agradable á los ojos cuanto era mas interesante á los espectadores, el contemplar la eterna alianza que existirá entre ambos Estados, y la sinceridad con que están resueltos á sostenerse reciprocamente en qualquier peligro: todo este conjunto de ideas y representaciones, excitaba un entusiamo capaz de enagenar la apatía misma. Las antiguas y opulentas Ciudades de la culta Europa, pueden muy bien desplegar escenas en que el refinamiento de las artes haga que se confunda la ilusión con la naturaleza, y que desconozca el genio los afectos de su propia invención: el espíritu no se cansará quizá de admirarlos, pero el corazón jamás encontrará en ellos el resorte que lo mueve. Solo un pueblo que acaba de romper las cadenas de la esclavitud, que anuncia al mundo y á la posteridad su nuevo destino, y que por la primera vez descubre un porvenir que puede ya contemplar sin estremecerse; és capaz de gozar los tranportes que causa el espectáculo mas sencillo, quando la naturaleza y la razón inflaman el sentimiento. 

Antes de concluir el bosquejo de la gran fiesta cívica de Febrero, és justo hacer una observación que releva el mérito de las virtudes cívicas que ha mostrado Chile. El entusiasmo pone siempre á una prueba difícil la circunspección de los pueblos, y este es el estado en que naturalmente revelan el secreto de su debilidad ó de su fuerza, de la solidez de sus principios ó de la aberración de sus ideas. Ninguno que haya observado de cerca el espíritu publico en estos días, vacilará sobre el concepto que debe formar de la situación política de Chile. Tanto en las conversaciones de los hombres que piensan como en los mismos gritos de la multitud exaltada, se han visto prevalecer exclusivamente tres grandes sentimientos: unión con el Estado Argentino, energía contra los agresores de la INDEPENDENCIA de Chile, y mode ración en los principios que el voto nacional proclama como bases de su futura constitución. Una de las circunstancias mas solemnes que sé notaron en los dias de la jura y que nunca se recordará con indiferencia, fue el ceremonial con que sé llevaban en el paseo cívico las banderas de ambos Estados: el Diputado del Gobierno Argentino llevaba la de Chile, y el Presidente de la Municipalidad de Santiago, la de las Provincias Unidas. Desde el Xefe Supremo de la Nación hasta el ultimo ciudadano, todos proclamaban sus ardientes votos por la unión de dos pueblos que habiendo sido igualmente desgraciados baxo el yugo español, ha llegado el gran dia en que sean igualmente felices baxo el imperio de las leyes. La energía contra los enemigos exteriores se manifestaba de un modo tanto mas digno de inspirar confianza, quanto que éste no era yá el lenguage de un resentimiento que muchas veces traiciona al que desea satisfacerlo. Los principios que todos anhelan ver sancionados en la nueva constitución, están bien lejos de confundirse con esas teorías que desacreditan las revoluciones, y que confunden el espíritu de novedad con el espíritu de reforma. Ocho años há que está en marcha la revolución; los tiempos no son los mismos, y las ideas no pueden dexar de rectificarse con la experiencia. Chile es y será libre, porque al derecho une ya la fuerza, y á la fuerza la moderación y uniformidad de sentimientos.


EDICIONES DE LA REVISTA LIBERTADOR O'HIGGINS Y SERIE FUENTES DE LA EMANCIPACIÓN


Santiago de Chile MCMLXXXVIII

Versión facsimilar en
http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0059058.pdf





miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL REVISIONISMO HISTÓRICO EN DEBATE


Recopilación de algunas "idas y venidas" publicadas en los diarios de Buenos Aires a lo largo de más de una década


Discusión a través del tiempo
Página 12, 5 de noviembre de 2005

Por José Natanson


Siempre hubo en Argentina un interés por la historia, desde los records de venta de los libros de Félix Luna hasta el éxito de documentales de la primavera democrática como La república perdida. Sin embargo, es evidente que en los últimos tiempos, quizás como un efecto más de la crisis del 2001, ese interés se ha renovado y multiplicado al compás de dos debates superpuestos: uno antiguo, que separa la tradición revisionista de la liberal, y uno más nuevo y mediático, que enfrenta a los historiadores masivos con los académicos. Es en este particular contexto que se publica El revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional, donde se reúnen tres artículos de Tulio Halperin Donghi.
Considerado por muchos como el historiador nacional más destacado, Halperín Donghi aclara desde un comienzo su posición frente al revisionismo histórico, al que define como “esa corriente historiográfica cuyo vigor al parecer inagotable no ha de explicarse por la excelencia de sus contribuciones, en verdad modestísimas”. Para el profesor de la Universidad de California, el altísimo predicamento de esta tradición intelectual se encuentra no en la calidad de su producción teórica sino en su capacidad para fijar un punto, una positividad, a partir del cual –se argumenta– comenzó el proceso de decadencia nacional. El revisionismo toma sus esquemas básicos del nacionalismo de Maurras y de la derecha francesa y, situando su línea divisoria en la etapa pos-independencia, provee, sino una solución para la decadencia nacional, al menos una inspiración para solucionar los problemas actuales.
Con la edición de los tres artículos –El revisionismo histórico como visión decadentista de la historia nacional, Estudios sobre el pensamiento político de Rosas y Republicanismo clásico y discurso político rosista– en un solo volumen, Halperin Donghi se ubica claramente en el interminable debate sobre la historiografía revisionista. Lo curioso es que lo hace en un momento particular, en el que las revistas especializadas y algunos suplementos culturales reflejan una discusión cada vez más abierta entre los historiadores de pretensión masiva (muchos de ellos autorreivindicados como revisionistas) y aquellos de formación y espíritu académico.
Un par de ejemplos. El profesor Luis Alberto Romero no ha ahorrado críticas a los libros de Felipe Pigna, al que acusa de dividir la historia en buenos y malos, e incluso se burló de una comparación de Pigna, que definió a Mariano Moreno como el primer desaparecido de la Argentina. Inmune a las críticas, Pigna sigue multiplicando ediciones de Los mitos de la historia argentina, que ya se imprimió 14 veces. Halperin Donghi bendijo a Romero en un reportaje en Ñ y criticó a su rival. Se trata, en verdad, de dos campos bien diferentes: Pigna conduce un programa de televisión, escribe regularmente en los medios masivos y ha logrado que las editoriales se disputen sus libros; Romero es el titular de una de las principales cátedras de la carrera de historia y acaba de ganar la beca Guggenheim. Como se ve, cada campo tiene sus referentes, sus defensores y sus gratificaciones, y parece difícil que dialoguen entre sí.


Polémico instituto de revisión de la historia
Buscará rescatar lo "nacional y popular"

La Nación, 28 de noviembre 2011


El mundo académico argentino acaba de ingresar en una fuerte polémica sobre el nuevo relato histórico que se propone instaurar el kirchnerismo. Por medio del decreto 1880/2011, firmado por la Presidenta hace diez días, el Gobierno creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que se propone reescribir la historia argentina a través de algunos de los grandes personajes del pasado.
El instituto es dirigido por el ensayista Mario "Pacho" ODonnell, ex funcionario radical y ex embajador durante la presidencia de Carlos Menem, y, entre otras cosas, tendrá la intención de "profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano", tal como lo señalan los fundamentos del decreto presidencial. Se mencionan personajes a reestudiar, como San Martín, Güemes, Artigas, Chacho Peñaloza y Facundo Quiroga, entre muchos otros.
La medida de Cristina Kirchner provocó ya una fuerte polémica entre reconocidos historiadores, que cuestionan por lo menos tres puntos de la iniciativa. Advierten con preocupación que la tarea estará a cargo de divulgadores de la historia y no de científicos reconocidos en la materia. Señalan además que se ignora aún si el objetivo real no será incorporar estos nuevos relatos históricos en los programas de las escuelas secundarias. Y alertan, en consecuencia, sobre la posibilidad de que esta operación impulsada por la Casa Rosada tenga como meta la instauración de un "pensamiento único" del pasado.
El presidente del instituto les restó importancia a los cuestionamientos y dijo que no se pretende hacer "un texto que se estudie en los colegios". Entonces, ¿qué se busca, es una provocación? "Para nada -dijo O'Donnell, que participa en televisión de campañas publicitarias del Gobierno-. Esta es una corriente que trata acerca de una manera diferente de ver la historia." Explicó que la finalidad del instituto será promover, mediante becas, la investigación, el estudio y la difusión de "otra" historia. "Es una manera distinta de ver la historia, porque los hechos existen, están en el rango de lo objetivo, y después viene la interpretación de las circunstancias. El llamado revisionismo histórico está muy cerca del peronismo. Hay dos movimientos que anticipan al peronismo: el revisionismo histórico y Forja; las grandes figuras, los antecesores, son Saldías, Ibarguren y, ya más cerca, Jauretche, Rosa, Abelardo Ramos..."

Antiliberal

O'Donnell no niega que el actual revisionismo pueda ser concebido como una contracara del liberalismo: "Es verdad que la palabra revisionismo parece definir lo contrario de lo liberal; por eso, yo le hubiera puesto el título de Instituto de Historia Nacional, Popular y Federalista".
LA NACION quiso saber por qué historiadores de la talla de Tulio Halperín Donghi o Norberto Galasso no fueron convocados. "A Galasso lo invitamos, pero él tiene un costado más marxista y no aceptó. En cuanto a Tulio, representa todo aquello con lo que nosotros disentimos", dijo O'Donnell. En su opinión, la historia de Mitre no será cuestionada. "Yo soy un revisionista que nunca ha hecho antimitrismo. Hay una interpretación malévola, porque se piensa que este instituto ha sido legitimado para servir y venerar a Néstor [Kirchner]. Y no es así. Por otra parte, no se puede ocultar que Cristina Kirchner sabe mucho de historia y su orientación es revisionista", dijo.
Sorpresa y estupor fue lo que causó entre la mayoría de los historiadores la creación del instituto. También hubo un cierto regodeo entre aquellos peronistas atávicos y jauretchistas, ávidos de más liturgia.
"Estoy de acuerdo en que todavía falta una visión más objetiva de nuestra historia, pero leyendo los considerandos y contenidos del decreto, todo indica que se perderá, una vez más, por unos y por otros, la oportunidad de buscar la verdad de nuestra historia", dijo Juan José Llach, ex ministro de Educación y ex viceministro de Economía.
En términos similares se expresó desde Ginebra la historiadora María Sáenz Quesada: "Estoy alejada de las andanzas de nuestros neorrevisionistas y escritores puestos a historiadores. Pero la creación del instituto por decreto, en coincidencia con la conmemoración del Combate de la Vuelta de Obligado, tiene más relación con la política que con la historia, como se ve claramente por la denominación elegida, los objetivos propuestos y la composición de sus integrantes". Para Sáenz Quesada, "en el nuevo Instituto prevalece la antinomia historia popular versus historia elitista, y una idea del revisionismo que viene de los autores que, a partir de 1930, imaginaron la «patria grande» si Rosas no hubiera sido derrotado en Caseros por otros caudillos con una visión distinta del federalismo, como era el caso de Urquiza".
El historiador Luis Alberto Romero también fue muy crítico respecto de la creación del instituto. "El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado. Descalifica a los historiadores formados en sus universidades y encomienda el esclarecimiento de la «verdad histórica» a un grupo de personas carentes de calificaciones. El instituto deberá inculcar esa «verdad» con métodos que recuerdan a las prácticas totalitarias. Palabras, quizá, pero luego vienen los hechos", expresó Romero.
También la ensayista Beatriz Sarlo puso en duda el verdadero objetivo del nuevo instituto (ver aparte).
Los historiadores Mirta Zaida Lobato, Hilda Sábato y Juan Suriano emitieron, por su parte, un comunicado con duros párrafos hacia los intentos oficiales de redefinir la historia. "El decreto pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país -universidades y organismos dependientes de Conicet, entre otras- donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas", señalaron los tres historiadores.

La metodología

Además, objetaron la metodología: "El enfoque maniqueo que el instituto adopta no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, saber científico". Para Sábato, Suriano y Lobato, "a través de esta medida, el Gobierno revela su voluntad de imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva; se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado". A su vez, advirtieron que "se avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial".
O'Donnell lo niega. "La historia oficial nace de ese personaje maravilloso que es Mitre. Alberdi puede ser considerado un precursor del revisionismo por la oposición que tenía con Mitre y Sarmiento, que fue el ideólogo del proyecto oligárquico porteño, cuyas consecuencias hoy sufrimos".
Eduardo Sacheri, novelista y profesor de historia, tiene su propia visión como docente. "En las últimas décadas en las universidades argentinas se ha trabajado mucho en historia, con criterio científico, y se ha tendido a superar los énfasis polémicos. Y me parece que no es una buena hipótesis de investigación partir de categorías como la defensa del ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante, como dice el decreto, ni aludir a próceres".

EN VOZ ALTA

"Este instituto es una corriente que trata acerca de una manera diferente de ver la historia. No se pretende hacer textos para los colegios" MARIO "PACHO" ODONNELL, Presidente del Instituto Revisionista
"El instituto, en coincidencia con la conmemoración de la Vuelta de Obligado, tiene más relación con la política que con la historia " MARÍA SÁENZ QUESADA, Historiadora
"El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado y descalifica a los historiadores formados" LUIS ALBERTO ROMERO, Historiador
"No es bueno partir de categorías como la defensa del ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante" EDUARDO SACHERI, Historiador y novelista



Lo que hay que revisar en serio es el revisionismo
Luis Alberto Romero

Clarín, 15 de febrero de 2012


El revisionismo, convertido en un conjunto de muletillas y consignas, es hoy la verdadera “historia oficial” y alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina.


El Revisionismo histórico insiste, una y otra vez, con que hay que revisar la “historia oficial”. Pero en realidad, lo más urgente es revisar al propio Revisionismo . En sus orígenes, en los años treinta o cuarenta, supo ser una corriente innovadora, creativa y desafiante. Hoy queda poco más que un conjunto de muletillas y consignas, anquilosadas y repetidas hasta el hartazgo por mercenarios del pasado . Hay que revisarlo, y urgentemente. No por razones científicas, pues se puede ignorar esta literatura menor y pasquinesca. Son razones políticas, y serias: el revisionismo, convertido en la verdadera “historia oficial”, alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina.
Los revisionistas declaman contra una versión del pasado que ya no existe; sólo queda la parodia que ellos hacen. Los textos escolares no llaman a Rosas tirano ni a los caudillos bárbaros. Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento o Roca son considerados con sus méritos y deméritos. Nadie defiende en la escuela una versión maniquea del pasado, salvo la del nuevo maniqueísmo revisionista, que hoy las autoridades educativas llevan a las aulas, el Estado difunde a través de sus canales televisivos y el Instituto Dorrego investigará. Esa es hoy la única “historia oficial”.
Los revisionistas afirman que mostrarán la “historia verdadera”, oculta con intenciones inconfesables.
¿Existe una historia verdadera? Cualquiera que lea los diarios sabe que de cada suceso no hay dos versiones sino varias. Y si se pretende ir más allá del suceso estricto y reconstruir un proceso histórico largo y complejo, las explicaciones serán muchas, convergentes y divergentes, cada una con algo que aportar. En cuanto a “lo verdadero” que anuncian, hay mucho “pescado podrido”: suelen limitarse a difamaciones panfletarias y a trivialidades conocidas, tomadas del Billiken.
Nos dicen que la historia fue siempre escrita por los “vencedores” y que ellos contarán la historia de los “vencidos”. Aquí hay algo de miga: los relatos históricos se relacionan con percepciones e intereses de distintos actores sociales y políticos. El gobierno actual construye un relato, que deberíamos catalogar como “de los vencedores” -al menos, se han impuesto en tres elecciones presidenciales-, pero que sin duda ellos preferirán ubicar entre los de los “vencidos”.
Es cierto que hay combates por la historia. Pero son muchos y no uno, único y eterno . Sólo un vigoroso maniqueísmo puede reducir los procesos históricos, largos y complejos, a una sola batalla. Los vencedores de hoy serán con seguridad los vencidos de mañana, o los aliados y compañeros de los nuevos vencedores. El conflicto entre Saavedra y Moreno no tiene nada que ver con los actuales. En cuanto a Rosas, si viviera hoy es probable que fuera muy prudente con las Malvinas, aunque seguramente daría interesantes consejos sobre reelecciones. Pero la mejor lección sobre lo cambiante de los alineamientos está en el día después de Caseros, cuando los rosistas acérrimos descubrieron que habían vivido bajo una tiranía.
En el fondo, existe en el revisionismo una idea que remonta al romanticismo del siglo XIX y es hoy familiarmente conocida como nac and pop. Hay una confrontación eterna entre dos protagonistas: el pueblo y sus opresores.
El pueblo, que es también la nación, porta una esencia eterna e inalterable. Un alma popular -también llamada “ser nacional”- unifica las montoneras federales, el pueblo peronista de 1945 y los actuales movimientos sociales de pobres. Hay muchas maneras de construir estas líneas, pero siempre aluden a un mismo sujeto, popular y nacional.
Su unidad es fortalecida por su enemigo.
Como el Demonio, tiene muchas apariencias pero es uno, eterno e inmutable. Se trata de los poderosos, la anti patria, el imperialismo.
A la Presidenta le gusta trazar esas líneas. Por ejemplo, entre los vencedores de Caseros y sus propios enemigos. Alguien dirá que los de hoy no son exactamente los mismos que los de hace un año, pero en la concepción nac and pop, que es conspiracionista y paranoica, esto es un detalle menor. Se trata de “el” enemigo, siempre conspirando contra el pueblo y contra la Nación.
No tomemos estas cuestiones con liviandad. Es cierto que no resisten ni a la lógica ni a los hechos. Pero tienen algo que toca directamente a los sentimientos y a las pasiones.
El mismo conspiracionismo que alimenta los folletines y telenovelas tiene éxito en los relatos históricos.
El problema está precisamente en su popularidad. El revisionismo histórico ha construido una versión de la historia argentina fantasiosa pero bien vendida. Ha arraigado en el sentido común, y forma parte de lo que la mayoría cree natural y evidente. Suministra las palabras y las imágenes que acuden automáticamente, antes de reflexionar.
Esa es hoy la verdadera historia oficial.
Si se rasca con la uña a cualquiera de sus adeptos, brotan inmediatamente los eslóganes y consignas del populismo nacionalista, con sus héroes y sus villanos. Si se frota más enérgicamente, como Aladino con su lámpara, aparece el “enano nacionalista”. Y si se lo convoca a la Plaza para defender una guerra absurda, allí está. ¿Cómo no se ha movilizar el pueblo en contra del enemigo de la Nación? El 2 de abril de 2012 se cumplen treinta años de una de sus manifestaciones más espectaculares. Es hora de que revisemos críticamente la historia oficial revisionista.



Malentender la historia: por qué revisionismo no es kirchnerismo
Por Pacho O'Donnell

Infobae, 2 de diciembre de 2017


Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, pero su tarea de luchar contra un pensamiento único de la historia va mucho más allá que un momento político


Mi buen amigo Daniel Balmaceda, en una entrevista que le hicieran en este medio, se refirió al revisionismo en términos que merecen ser corregidos. Lo que allí da a entender es que los revisionistas nos erigimos en jueces de la historia. Sería correcto si no le faltase una palabra.
Porque la historia nacional, popular, federal e iberoamericana, como a mí me gusta llamar al revisionismo, se funda en la crítica a la historia liberal. La que fue escrita al fin de las guerras civiles del siglo XIX y que apuntaba a dar un basamento ideológico a la organización liberal, centralista, antipopular, extranjerizante que se instituyó en nuestro país y que perdura hasta nuestros días. Historiografía que ancló en nuestra cultura como un pensamiento único que no dejó espacio ni oportunidad para un debate que estableciera los puntos en común con otras versiones historicistas y también tolerara las disidencias inevitables en una confrontación de ideologías y proyectos políticos diferentes, ya que la objetividad en las ciencias sociales es una utopía a veces malintencionada.
La marginación de los grandes pensadores revisionistas como Adolfo Saldías, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña y otros es una prueba de dicha intolerancia. También lo es la clausura del Instituto Dorrego durante el actual Gobierno.
Tampoco el revisionismo se basa en criticar a los próceres. Muy lejos de ello, nuestra propuesta es reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente. Como fue el caso de la epopeya de la Vuelta de Obligado, primer combate de la victoriosa Guerra del Paraná.
Otro destacado historiador, particularmente enconado con el revisionismo, Luis Alberto Romero, demuestra en cambio conocer al adversario, pues lo acusa de ocuparse de "promesas de grandeza nacional no cumplidas, realizaciones populares frustradas, enemigos internos al servicio de intereses extranjeros y antipopulares que le dan su carácter traumático". Efectivamente, de eso nos ocupamos, pero lo curioso es que Romero lo expone denostadoramente.
Es claro que lo que enoja a Romero, cuyo nivel académico valoro, aunque cuestiono su autoadjudicada representatividad de los escritores de oficio, es el éxito del revisionismo en ganar la conciencia y el favor de la mayoría de la población. Entonces echa mano a un recurso que la política ha puesto de moda: identificar revisionismo con kirchnerismo.
Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, como sucedió en todos los gobiernos peronistas. También en el de Juan Domingo Perón, aunque algunos lo discutan, pero eso es tema para otro artículo. Fueron peronistas la mayoría de sus pioneros o pertenecieron a la izquierda nacional que caminó a la par. Es muy difícil imaginar a un peronista que no sea revisionista, como también a un revisionista que no pertenezca al peronismo o a sus aliados progresistas.
Romero opina en espejo, pues se propone una épica para "desarmar una visión hegemónica" cuando es claro que eso es lo que ha sido y sigue siendo la historiografía liberal, dueña de monumentos, feriados nacionales, marchas patrióticas, denominación de avenidas, calles y parques; también programas escolares y universitarios, cátedras, academias, subsidios, becas, hasta formar a lo largo de los años lo que Nicolás Shumway denominó "la invención de la Argentina", una construcción cultural impregnada de intencionalidad ideológica.
Agradezco el alarmado artículo de Romero, pues tiene más claro que nosotros que la batalla cultural que el revisionismo ha librado y seguirá librando en clara inferioridad de condiciones contra el liberalismo histórico ha logrado resultados positivos.


El revisionismo histórico en cuestión
Gonzalo Rubio García

Infobae, 12 de diciembre de 2017


A lo largo del siglo XX la corriente historiográfica denominada revisionismo histórico ha suscitado distintos debates sobre su idiosincrasia, que, en la mayoría de los casos, ha tendido a confundir las características que dicho fenómeno representaba. De cualquier forma, respecto a la revisión de la historia cabe aclarar que la labor del historiador implica una reevaluación constante de los postulados vigentes sobre diversos temas históricos, noción que implica la natural crítica de las construcciones del pasado formuladas por distintos intelectuales.
El recientemente artículo publicado por Pacho O'Donnell en este medio es muestra de las equivocadas ideas sobre el revisionismo que se pregonan. Al respecto, es necesario establecer algunos puntos importantes.

En primer lugar, el escritor marginó a aquellos autores que no le son útiles para caracterizar al revisionismo como "popular, federal e iberoamericano". Probablemente, los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, y Ernesto Palacio hayan sido los autores más importantes que tuvo esa escuela historiográfica. Sin embargo, no hizo ninguna mención a sus figuras. Por el contrario, nombró a Adolfo Saldías, autor que escribió sus obras a finales del siglo XIX, siendo el revisionismo histórico un fenómeno nacido una vez entrado el siglo XX. Vale aclarar, además, que Saldías dedicó su obra a Bartolomé Mitre, a quien consideraba su maestro.

En segundo lugar, no todos los peronistas fueron revisionistas. Juan D. Perón trató de no inmiscuirse en las "discusiones teóricas", que consideraba una distracción de los ideólogos. Como ha afirmado Arturo Peña Lillo, el ex Presidente abrevaba la historia en la monumental obra de Mitre. De hecho, el peronismo estableció ciertas divisiones entre los revisionistas: Julio Irazusta se presentó como una acérrimo antiperonista que se encontró en la vereda opuesta a Raúl Scalabrini Ortiz, quien había sido un cercano amigo suyo en "esos años anteriores al diluvio".

¿Cómo debemos entender, entonces, al revisionismo histórico? En principio, podemos situar su nacimiento en torno a la década de 1930, momento en que muchos intelectuales argentinos revaluaron sus posiciones políticas frente a la crisis económica de 1929. Distintos escritores, como los hermanos Irazusta, buscaron explicar mediante la historia las causas que habían llevado a lo que, según consideraban, era la decadencia de la sociedad argentina. Bajo esa lógica, el análisis del pasado se transformaba en una herramienta para lograr un cambio en la mentalidad del presente y en un proceso de reivindicación política. Desde ese momento, las consideraciones sobre el revisionismo fueron mutando, pues la década de 1930 se caracterizó por los cambios de posturas entre los intelectuales y la modificación constante en los bandos que se adjudicaban los enfrentamientos.

También se ha tratado de identificar al revisionismo con la mera reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, muchos autores que se consideraron revisionistas, como Raúl Scalabrini Ortiz, mostraron una imagen ambivalente sobre el gobernador de Buenos Aires. Dicho ejemplo ilustra las diferentes vertientes que tuvo el revisionismo, no siempre esquemáticas y, al menos hasta la década de 1960, rápidamente modificables. Parece, entonces, loable considerar al revisionismo como un fenómeno amplio que evita categorizaciones esquemáticas como las planteadas por Pacho. Pero un punto es evidente: el revisionismo mostraba discursos sobre el pasado igual de parciales como los que buscaba refutar.

Al momento que llegó el revisionismo, había muchos autores que no compartían la visión de la historia divulgada por Mitre. Esa característica se hizo más profunda con el correr de los años. Pacho se esmera en dividir la historia bajo dos categorías: liberal y nacional popular. Sin embargo, dicho esquema no sólo margina a muchísimos historiadores que poco tienen que ver con esas dos tendencias políticas, sino que se transforma en una inexacta construcción ideológica que sólo sirve para oscurecer un fenómeno complejo.

La idea de Pacho es "reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente". Sin embargo, dicha postura se presenta igual de tendenciosa que aquella que se propone refutar. Los historiadores deben presentar sus interpretaciones del pasado, construcciones inevitablemente subjetivas, sin aires de revanchismo político, pues la disciplina, entonces, correría el riesgo de transformarse en un campo de batalla partidario en el que la búsqueda por elaborar un relato fidedigno podría ser condicionada según las necesidades políticas del presente.


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