jueves, 22 de noviembre de 2018

Bernardo de Monteagudo: RELACIÓN DE LA GRAN FIESTA CÍVICA CELEBRADA EN CHILE EL 12 DE FEBRERO DE 1818

A un año de la proclamación de la independencia de Chile, Monteagudo publicó este relato acerca de hechos trascendentes que lo tuvieron como testigo privilegiado. 

A cien años de la independencia de Chile, este documento 
permite conmemorar ese acontecimiento acudiendo a una fuente que permite acercarse a la vivencia y mirada de un protagonista que lo celebra en su primer aniversario.





Hoy hace un año que las armas de la PATRIA reconquistaron á Chile del poder español, y restablecieron ese orden de acontecimientos que la fuerza no puede ya interrumpir sino mientras oprime. ¡Quan diferente era entonces nuestra situación de lo que hoy es! La noche misma que precedió á la Aurora de este día, sólo sirvió entonces para ocultar la palidez y el temor que retrataban en todos los semblantes la inquietud de un Pueblo oprimido, que espera el día de una gran batalla para ver rotas sus cadenas ó quedar abrumado con su peso. Nadie buscó en aquella noche el lugar del reposo, sino para gemir sin ser visto y pensar libremente sobre los riesgos á que estaba expuesta su suerte y la de su familia, si la vicisitud de las armas burlaba el coraje de nuestros bravos. Era preciso que todos afectasen dormir para substraerse á la vista de los que asechaban las miradas y aun las relaciones domesticas como indicios de crimen. ¿Qual fue el padre de familia que mientras duraban las tinieblas, no se ocupó en calcular el número de las víctimas que serían inmoladas en su casa por el número de hijos que le quedaban? Es verdad que la esperanza de una victoria alternaba algunas veces con la angustia: pero la esperanza en los grandes peligros no sirve sino para encarecer el temor. 

Al fin, al fin amaneció el día de Chacabuco, y su luz disipó todas las sombras de la incertidumbre: aquel día respiró la naturaleza, las madres vieron nacer de nuevo á sus hijos, y los Chilenos volvieron á pertenecer á su pais. El 12 de Febrero de 817 fué un solemne presagio del 12 de Febrero de 818: en la historia abreviada de estos dos días encontrarán las generaciones venideras la data de su emancipación y el título autentico de su patrimonio: la sangre que costó á nuestros guerreros el primero, y las lágrimas de placer que ha derramado el Pueblo en el triunfante aniversario que hoy celebra, dexan sellado para siempre el sublime destino de los Chilenos. Una revolución tan memorable en los anales del género humano ha excitado transportes que sólo pueden apreciar las almas sensibles, porque entre ellas hay un lenguaje que el corazón no ha revelado á la lengua. ¡Felices los que habiendo sido testigos del entusiasmo público no necesitan lér la relación de la gran fiesta cívica de Chile para graduar la energía de sentimientos que ha desplegado este gran Pueblo al ver enarbolado el Estandarte de su INDEPENDENCIA! Los que han visto amanecer este día, han vivido en un momento más que las tres generaciones precedentes. Que importa consagrar el resto de nuestra existencia á sostener esta grade obra? La unión de sentimientos, el amor al orden y la constancia apresurarán la época en que deben cesar nuestros sacrificios, para empezar á disfrutar la paz y la prosperidad que está reservada á los pueblos libres.

El 9 de Febrero se anuncio por un bando Nacional el orden que se observaría en las fiestas cívicas: desde aquel momento el Pueblo esperaba con impaciencia la noche del 11 para desplegar el entusiasmo de que esta ba poseído: apenas llegó la hora deceada, un grito de alegría universal acompañó al estruendo del cañón que tantas veces há hecho palpitar el corazón de la PATRIA anunciando la llegada de un nuevo opresor ó el nací-miento de un principe que á su turno aumentaría los eslabones de la cadena que arrastraba la América. 

Apesar del regosijo con que todos pasaron esta noche, ella pareció demaciado larga por la impaciencia con que todos deceaban saludar la Aurora del 12: Al toque de diana se formaron en la plaza mayor las tropas de línea, y las guardias cívicas de infantería y caballería. Entre tanto el concurso se aumentaba de tal modo, que ya excedía la capacidad de este vasto espacio. Poco después de las seis apareció sobre el orizonte el precursor de la libertad de Chile. En este momento se enarboló la bandera Nacional, se hizo una salva triple de artillería, y el Pueblo con la tropa saludaron llenos de ternura al sol mas brillante y benéfico que han visto los Andes, desde que su elevada cima sirve de asiento á la nieve que eternamente la cubre. Luego se acercaron por su orden los alumnos de todas las escuelas publicas, y pues tos alrededor de la bandera cantaron á la PATRIA himnos de alegría que exitaban un doble interés por su objeto, y por la suerte venturosa que debe esperar la generación naciente destinada á recoger los primeros frutos de nuestras fatigas. Los padres y madres que veían á sus inocentes hijos levantar las manos al cielo é invocar el dulce nombre de la PATRIA, han gozado sin duda un placer capaz de indemnizarles la cruel necesidad en que antes han vivido de suspirar por ser estériles. A las nueve de la mañana concurrieron al palacio directorial todos los tribunales, corporaciones, funcionarios públicos y comunidades: luego entró el Excmo. Sr. Capitán General D. José de San Martin acompañado del Sr. Diputado del Gobierno Argentino D. Tomás Guido y la plana mayor: á las nueve y media salió el Excmo. Sr. Director precedido de esta respetable comitiva, y se dirigió al tablado de la plaza principal: las decoraciones de este lugar correspondían á la dignidad de su objeto, y en el centro de su frente se distinguía el retrato del General San Martin. 

Luego que los concurrentes tomaron sus respectivos asientos, el Fiscal de la Cámara de Apelaciones hizo al pueblo la siguiente alocución en nombre del Gobierno. "Ciudadanos: escuchad los sentimientos del Supremo Gobierno, que me ordena instruiros de vuestros deberes. Vais ya á proclamar la ley más augusta del código de la naturaleza. Os vais á declarar libres, é independientes de toda dominación extraña; y con este decreto vais á romper las atroces cadenas que ós han oprimido por 300 años. Vais a dar todo su valor al País mas favorecido de la providencia; y ya el producto de vuestra industria, y agricultura lo solicitarán con emulación, y le proporcionarán las mas útiles ventajas los demás pueblos de la tierra. Vais á franquear vuestros mares y comercio á todas las Naciones; ós traherán la abundancia, la comodidad y la cultura. Vais á abrir á vuestros hijos la carrera del honor, de los empleos, del comercio, y el desarrollo de las virtudes, y talentos que con tanto esfuerzo se empeñaba en sofocar el sistema colonial. Vais en fin'á colocaros en el punto donde adquirió Roma toda su grandeza, Holanda su prosperidad, los Estados-Unidos del Norte aquel inmenso comercio que los hace dueños de todas las producciones del Mar y Tierra. 
"Pero créd á la experiencia, y á vuestro gobierno. No es la solemne, y augusta ceremonia con que publicáis este decreto la que debe haceros felices: son las virtudes y el desempeño de los heroycos deberes en que ós vais á constituir, los que han de traher ésas ventajas.
Padres de la PATRIA, Magistrados de Chile, mirad que al jurar la INDEPENDENCIA ós encargáis de las virtudes de Bruto, y de Washington. Militares defensores del Estado: para proteger la INDEPENDENCIA se ós presentan los modelos de Horacio, de Curcio y de los Decios. Ciudadanos todos, el paso de las Thermopilas, y los campos de Platea, y Marathón, ós aseguran que sin la mas estrecha unión, y la resolución mas firme no se alcanza la gloria, y el respeto á que conduce una LIBERTAD, é INDEPENDENCIA bien sostenida. Pueblos de Chile, en el momento que declaráis la INDEPENDENCIA ós obligáis á ser unidos, virtuosos, y valientes. 
"Pero vosotras almas déviles no creáis ciertamente que éste es un paso imprudente, y arrojado. El invariable sistema de la España la atroz y obstinada conducta del rey Femado, y la impacable y constante ferocidad de sus mandatarios nos han convencido en el espacio de ocho años que yá no hay mas paz ni tranquilidad para la América, que la que ella se gane por su exfuerzo y por sus resoluciones. Americanos afectos á la causa de España (si puede existir alguno en éste dia) alucinaos, si sois tan infelices; pero dos años y medio de los presidios y calabozos de Chile, y ocho de los reos de sangre que se han derramado en America, ós deben desengañar que la guerra no es ya entre realistas y patriotas, sino entre españoles y americanos; y que vosotros siempre seréis victimas aunque les consagréis vuestra vida y vuestras fortunas. Españoles europeos, el dia que Chile se declara libre é independiente á la faz del Cuelo y de la tierra, no ós queda otro partido que ser hijos fieles del pais donde labrasteis vuestra fortunas, donde pensáis morir y propagar vuestra descendencia; ó abandonad para siempre un suelo que no ós puede ser grato á pesar de tantos beneficios."

En seguida se leyó por el Sr. D. Miguel Zañartu, Ministro de Estado en el Departamento de Gobierno, la Acta de la INDEPENDENCIA concebida en estos términos. "La fuerza ha sido la razón suprema que por mas de trecientos años ha mantenido al nuevo-mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus mas grandes deberes. Era preciso que algún dia llegase el término de esta violenta sumisión: pero entretanto era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrilego á sus pretensiones, y no hace mas que desacreditar la justicia en que se fundan. Estaba reservado al siglo 19 el oír á la Amé rica reclamar sus derechos sin ser delincuente, y mostrar que el periodo de su sufrimiento no podía durar mas que el de su debilidad. La revolución del 18 de Septiembre de 1810 fué el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos á que lo llamaba el tiempo y la naturaleza: sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto á la América sobrevivirá al transtorno de todos los abusos. Este último desengaño les ha inspirado naturalmente la resolución de separarse para siempre de la Monarquía Española, y proclamar su INDEPENDENCIA á la faz del mundo. Mas no permitiendo las actua les circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público; hemos mandado abrir un gran registro en que todos los Ciudadanos del Estado sufraguen por si mismos libre y expontaneamente por la necesidad urgente de que el gobierno declare en el dia la Independencia ó por la dilación ó negativa: y habiendo resultado que la universalidad de los Ciudadanos está irrevocablemente de cidida por la afirmativa de aquella proposición, hemos tenido á bien en exercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los Pueblos, declarar solemnemente á nombre de ellos en presencia del Altísimo, y hacer saber á la gran confederación del género humano que el territorio continental de Chile y sus Islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España, con plena aptitud de adoptar la forma de gobierno que mas convenga á sus intereses. Y para que esta declaración tenga toda la fuerza y solidez que debe caracterizar la primera Acta de un Pueblo libre, la afianzamos con el honor, la vida, las fortunas y todas las relaciones sociales de los habitantes de este nuevo Estado: comprometemos nuestra palabra, la dignidad de nuestro empleo, y el decoro de las armas de la PATRIA; y mandamos que con los libros del gran registro se deposite la Acta original en el archivo de la Municipalidad de Santiago, y se circule a todos los Pueblos, Exércitos y Corporaciones para que inmediatamente se jure y quede sellada para siempre la emancipación de Chile. Dada en el Palacio Directorial de Concepción á 1 de Enero de 1818, firmada de nuestra mano, signada con el de la Nación y refrendada por nuestros Ministros y Secretarios de Estado, en los Departamentos de Gobierno, Hacienda y Guerra.— Bernardo O'Higgins— Miguel Zañartu— Hipólito de Villegas— José Ignacio Zenteno."

Después de leida la Acta se postró el Exmo. Sr. Director, y poniendo las manos sobre los santos evangelios hizo el siguiente juramento. "Juro á Dios y prometo á la PATRIA baxo la garantía de mi honor, vida y fortuna sostener la presente declaración de INDEPENDENCIA absoluta del Estado Chileno, de Fernando VII, sus succesores, y de cualquiera otra nación estraña." Luego exigió él mismo igual juramento al Sr. Gobernador del Obispado, quien á la formula anterior añadió en los transportes de su zelo la clausula que sigue.— Y asi lo juro, porque creo en mi conciencia que esta es la voluntad del Eterno. Seguidamente recibió S. E. el juramento al Sr. General San Martin como á Coronel Mayor de los Exércitos de Chile, y General en Gefe del Exército Unido. Entonces el Sr. Ministro de Estado en el departamento de Gobierno lo llamó simultáneamente á todas las corporaciones y funcionarios públicos, y después el Sr. Presidente de Cabildo batiendo el pabellón nacional por los quatro ángulos del tablado, recibió al pueblo el juramento en la forma que sigue. "Juráis á Dios y pro metéis á la PATRIA baxo la garantía de vuestro honor, vida y fortuna sostener la presente INDEPENDENCIA absoluta del Estado Chileno, de Fernando VII, sus succesores y de qualquiera otra nación extraña?"

Aún no había acabado el pueblo de oír estas ultimas palabras, quando el cielo escuchó el primer juramento digno del pueblo Chileno. En este acto se arrojaron me dallas de la jura, y se hizo otra descarga triple de artillería: luego baxó el acompañamiento, y se dirigió á la plaza de San Francisco, donde el Presidente del Cabildo acompañado de dos regidores subió á un tablado á exigir del pueblo el mismo juramento; y de allí regresó á la casa del General San Martin, quien después de felicitar á la comitiva por el grande acontecimiento de este dia y felicitarse á sí mismo de haberlo presenciado, re novó las protextas que tantas veces tiene hechas de sostener la libertad de Chile empleando todo su zelo y consagrando hasta su propia existencia: su lenguaje retrataba el fondo de su sinceridad no menos que la firmeza de sus intenciones, y nadie pudo escucharle sin conmoverse y presagiar victorias a la PATRIA. Luego salió por su orden el acompañamiento, y siguió hasta el Palacio del gobierno donde dexó á su Excelencia. El 13 á las 9 de la mañana salió el Director Supremo con la misma comitiva, y se dirigió á la plaza de la Merced donde repitió el Presidente del Cabildo la ceremonia del dia anterior, y concluida volvió sobre sus pasos la comitiva, dirigiéndose á la plaza de la Universidad con el mismo objeto. De allí regresó á las once de la mañana por la misma calle hasta llegar á la Catedral: aquí se cantó con toda la magnificencia posible un solemne Te Deum, que terminó las funciones de este dia. 

El 14 á las 9 de la mañana salió de palacio el Di rector Supremo con el mismo acompañamiento de los días anteriores, y asistió á la iglesia Catedral á la misa de acción de gracias que se celebró, después de la qual dixo el D. D. Julián Navarro una oración análoga á las circunstancias del nuevo destino á que es llamado por la providencia el Estado de Chile. Concluida esta función, las Autoridades, Presidentes de Tribunales y Corporaciones pasaron á felicitar al Gobierno y ofrecerle los votos de patriotismo y entusiasmo nacional por la consolidación de nuestras nuevas instituciones, por la paz interior y por el buen suceso de las armas de la PATRIA. El embiado argentino fué el primero que tomó la palabra, y dirigiéndose al Director Supremo, dixo: Por fin llegó señor el momento suspirado de publicar ante el genero humano que Chile es libre, y que se ha abjurado para siempre el dominio de los reyes de España. Vuestra nación afligida con todos los horrores de una guerra de ambición y venganza, obscurecida por un sistema tenebroso del gavinete de Madrid, y degradada por un código calculado para oprimir, tocó el termino de su sufrimiento y acredito ante todos los hombres, que permaneció en sumisión á sus conquistadores, mientras el derecho de la fuerza prevaleció al de la justicia, al de la razón y de la naturaleza. Este grande acontecimiento que restablece la dignidad, la opulencia, la igualdad, la ilustración, la paz, el poder y el esplendor de una porción preciosa del nuevo mundo, sonará como un trueno en las capitales de la Europa, é inspirando un dulce consuelo á los amigos de la especie humana, se aplaudirá por los liberales del mundo y se escuchará con sobresalto por el rey Fernando, y sus satélites; pero al llegar á noticia de mi gobierno excitará en el la emoción mas tierna de contento y satisfacción por la LIBERTAD de sus caros hermanos cuya suerte ha ocupado tan eficazmente sus desvelos. Los ardientes votos de las provincias unidas del Sud se han cumplido ya, y sus esfuerzos, la sangre de sus hijos derramada en este dichoso suelo por la destrucción de los tiranos, y quantos sacrificios les sea necesario renovar en auxilio de los hijos de Chile serán indemnizados de hoy en adelante con el placer de verlo libre feliz é independiente. Con tales sentimientos de gozo y el mas alto respeto ante V.E. y demás magistrados del pueblo que me cercan, reconozco á nombre de mi gobierno la soberania del Estado Chileno y su absoluta INDEPENDENCIA. Quiera el Cielo que ella sea tan eterna como ha sido heroyca la resolución de proclamarla: que la unión dé consistencia á la LIBERTAD que habéis adquirido: que una constancia inalterable contra los enemigos de la PATRIA des cubra en vos el espíritu de Bruto: que un olvido eterno de los vicios de la administración colonial haga la felicidad de vuestros semejantes, y que la posteridad bendiciendo este dia lo recuerde con lagrimas de gratitud como el origen de todos sus bienes. Tales son los fervorosos deseos de mi gobierno, los de mis conciudadanos y los mios personales. Recíbelos Señor, como el tributo de la buena fe, con la seguridad que hasta que baje al sepulcro numeraré entre las horas mas dichosas de mi vida, la de haberos felicitado hoy el primero á nombre del Estado Argentino por la emancipación de Chile. Concluidas las felicitaciones se retiró la comitiva, y en la noche de este dia se sirvió en el Palacio del Gobierno un brillante refresco, siguiéndose después las diversiones de que se hablará luego. 

El 15 dio un gran convite el embiado de las Provincias—Unidas al Director Supremo y todos los funcionarios públicos de ambas listas, con algunos vecinos de distinción que componían el número de 70 á 80 personas: en esta función el gusto rivalizaba la abundancia, y la alegría de los convidados igualaba la sinceridad de sentimientos que los unía. Es imposible formar idea del interesante espectáculo que ha ofrecido Chile desde el 11 hasta el 16 por la no che: la variedad y brillantes de los fuegos de artificio, las iluminaciones publicas, las músicas y coros patrioticos que se encontraban por todas partes, las danzas y pantomimas que formaban los quince gremios de la Ciudad, y la maestranza compuesta de 580 hombres, vestidos con variedad en las formas, pero con uniformidad en los colores, para guardar consonancia con los del Pabellón, los carros triunfales que estos conducían llevando cada uno de ellos diferentes símbolos que re presentaban la fama, el árbol de la LIBERTAD, la Amé rica y otros objetos análogos á estos dias; la Bandera tricolor que puesta en las fachadas de todas las casas al lado del Pabellón Argentino ofrecían un golpe de vista tanto mas agradable á los ojos cuanto era mas interesante á los espectadores, el contemplar la eterna alianza que existirá entre ambos Estados, y la sinceridad con que están resueltos á sostenerse reciprocamente en qualquier peligro: todo este conjunto de ideas y representaciones, excitaba un entusiamo capaz de enagenar la apatía misma. Las antiguas y opulentas Ciudades de la culta Europa, pueden muy bien desplegar escenas en que el refinamiento de las artes haga que se confunda la ilusión con la naturaleza, y que desconozca el genio los afectos de su propia invención: el espíritu no se cansará quizá de admirarlos, pero el corazón jamás encontrará en ellos el resorte que lo mueve. Solo un pueblo que acaba de romper las cadenas de la esclavitud, que anuncia al mundo y á la posteridad su nuevo destino, y que por la primera vez descubre un porvenir que puede ya contemplar sin estremecerse; és capaz de gozar los tranportes que causa el espectáculo mas sencillo, quando la naturaleza y la razón inflaman el sentimiento. 

Antes de concluir el bosquejo de la gran fiesta cívica de Febrero, és justo hacer una observación que releva el mérito de las virtudes cívicas que ha mostrado Chile. El entusiasmo pone siempre á una prueba difícil la circunspección de los pueblos, y este es el estado en que naturalmente revelan el secreto de su debilidad ó de su fuerza, de la solidez de sus principios ó de la aberración de sus ideas. Ninguno que haya observado de cerca el espíritu publico en estos días, vacilará sobre el concepto que debe formar de la situación política de Chile. Tanto en las conversaciones de los hombres que piensan como en los mismos gritos de la multitud exaltada, se han visto prevalecer exclusivamente tres grandes sentimientos: unión con el Estado Argentino, energía contra los agresores de la INDEPENDENCIA de Chile, y mode ración en los principios que el voto nacional proclama como bases de su futura constitución. Una de las circunstancias mas solemnes que sé notaron en los dias de la jura y que nunca se recordará con indiferencia, fue el ceremonial con que sé llevaban en el paseo cívico las banderas de ambos Estados: el Diputado del Gobierno Argentino llevaba la de Chile, y el Presidente de la Municipalidad de Santiago, la de las Provincias Unidas. Desde el Xefe Supremo de la Nación hasta el ultimo ciudadano, todos proclamaban sus ardientes votos por la unión de dos pueblos que habiendo sido igualmente desgraciados baxo el yugo español, ha llegado el gran dia en que sean igualmente felices baxo el imperio de las leyes. La energía contra los enemigos exteriores se manifestaba de un modo tanto mas digno de inspirar confianza, quanto que éste no era yá el lenguage de un resentimiento que muchas veces traiciona al que desea satisfacerlo. Los principios que todos anhelan ver sancionados en la nueva constitución, están bien lejos de confundirse con esas teorías que desacreditan las revoluciones, y que confunden el espíritu de novedad con el espíritu de reforma. Ocho años há que está en marcha la revolución; los tiempos no son los mismos, y las ideas no pueden dexar de rectificarse con la experiencia. Chile es y será libre, porque al derecho une ya la fuerza, y á la fuerza la moderación y uniformidad de sentimientos.


EDICIONES DE LA REVISTA LIBERTADOR O'HIGGINS Y SERIE FUENTES DE LA EMANCIPACIÓN


Santiago de Chile MCMLXXXVIII

Versión facsimilar en
http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0059058.pdf





miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL REVISIONISMO HISTÓRICO EN DEBATE


Recopilación de algunas "idas y venidas" publicadas en los diarios de Buenos Aires a lo largo de más de una década


Discusión a través del tiempo
Página 12, 5 de noviembre de 2005

Por José Natanson


Siempre hubo en Argentina un interés por la historia, desde los records de venta de los libros de Félix Luna hasta el éxito de documentales de la primavera democrática como La república perdida. Sin embargo, es evidente que en los últimos tiempos, quizás como un efecto más de la crisis del 2001, ese interés se ha renovado y multiplicado al compás de dos debates superpuestos: uno antiguo, que separa la tradición revisionista de la liberal, y uno más nuevo y mediático, que enfrenta a los historiadores masivos con los académicos. Es en este particular contexto que se publica El revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional, donde se reúnen tres artículos de Tulio Halperin Donghi.
Considerado por muchos como el historiador nacional más destacado, Halperín Donghi aclara desde un comienzo su posición frente al revisionismo histórico, al que define como “esa corriente historiográfica cuyo vigor al parecer inagotable no ha de explicarse por la excelencia de sus contribuciones, en verdad modestísimas”. Para el profesor de la Universidad de California, el altísimo predicamento de esta tradición intelectual se encuentra no en la calidad de su producción teórica sino en su capacidad para fijar un punto, una positividad, a partir del cual –se argumenta– comenzó el proceso de decadencia nacional. El revisionismo toma sus esquemas básicos del nacionalismo de Maurras y de la derecha francesa y, situando su línea divisoria en la etapa pos-independencia, provee, sino una solución para la decadencia nacional, al menos una inspiración para solucionar los problemas actuales.
Con la edición de los tres artículos –El revisionismo histórico como visión decadentista de la historia nacional, Estudios sobre el pensamiento político de Rosas y Republicanismo clásico y discurso político rosista– en un solo volumen, Halperin Donghi se ubica claramente en el interminable debate sobre la historiografía revisionista. Lo curioso es que lo hace en un momento particular, en el que las revistas especializadas y algunos suplementos culturales reflejan una discusión cada vez más abierta entre los historiadores de pretensión masiva (muchos de ellos autorreivindicados como revisionistas) y aquellos de formación y espíritu académico.
Un par de ejemplos. El profesor Luis Alberto Romero no ha ahorrado críticas a los libros de Felipe Pigna, al que acusa de dividir la historia en buenos y malos, e incluso se burló de una comparación de Pigna, que definió a Mariano Moreno como el primer desaparecido de la Argentina. Inmune a las críticas, Pigna sigue multiplicando ediciones de Los mitos de la historia argentina, que ya se imprimió 14 veces. Halperin Donghi bendijo a Romero en un reportaje en Ñ y criticó a su rival. Se trata, en verdad, de dos campos bien diferentes: Pigna conduce un programa de televisión, escribe regularmente en los medios masivos y ha logrado que las editoriales se disputen sus libros; Romero es el titular de una de las principales cátedras de la carrera de historia y acaba de ganar la beca Guggenheim. Como se ve, cada campo tiene sus referentes, sus defensores y sus gratificaciones, y parece difícil que dialoguen entre sí.


Polémico instituto de revisión de la historia
Buscará rescatar lo "nacional y popular"

La Nación, 28 de noviembre 2011


El mundo académico argentino acaba de ingresar en una fuerte polémica sobre el nuevo relato histórico que se propone instaurar el kirchnerismo. Por medio del decreto 1880/2011, firmado por la Presidenta hace diez días, el Gobierno creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que se propone reescribir la historia argentina a través de algunos de los grandes personajes del pasado.
El instituto es dirigido por el ensayista Mario "Pacho" ODonnell, ex funcionario radical y ex embajador durante la presidencia de Carlos Menem, y, entre otras cosas, tendrá la intención de "profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano", tal como lo señalan los fundamentos del decreto presidencial. Se mencionan personajes a reestudiar, como San Martín, Güemes, Artigas, Chacho Peñaloza y Facundo Quiroga, entre muchos otros.
La medida de Cristina Kirchner provocó ya una fuerte polémica entre reconocidos historiadores, que cuestionan por lo menos tres puntos de la iniciativa. Advierten con preocupación que la tarea estará a cargo de divulgadores de la historia y no de científicos reconocidos en la materia. Señalan además que se ignora aún si el objetivo real no será incorporar estos nuevos relatos históricos en los programas de las escuelas secundarias. Y alertan, en consecuencia, sobre la posibilidad de que esta operación impulsada por la Casa Rosada tenga como meta la instauración de un "pensamiento único" del pasado.
El presidente del instituto les restó importancia a los cuestionamientos y dijo que no se pretende hacer "un texto que se estudie en los colegios". Entonces, ¿qué se busca, es una provocación? "Para nada -dijo O'Donnell, que participa en televisión de campañas publicitarias del Gobierno-. Esta es una corriente que trata acerca de una manera diferente de ver la historia." Explicó que la finalidad del instituto será promover, mediante becas, la investigación, el estudio y la difusión de "otra" historia. "Es una manera distinta de ver la historia, porque los hechos existen, están en el rango de lo objetivo, y después viene la interpretación de las circunstancias. El llamado revisionismo histórico está muy cerca del peronismo. Hay dos movimientos que anticipan al peronismo: el revisionismo histórico y Forja; las grandes figuras, los antecesores, son Saldías, Ibarguren y, ya más cerca, Jauretche, Rosa, Abelardo Ramos..."

Antiliberal

O'Donnell no niega que el actual revisionismo pueda ser concebido como una contracara del liberalismo: "Es verdad que la palabra revisionismo parece definir lo contrario de lo liberal; por eso, yo le hubiera puesto el título de Instituto de Historia Nacional, Popular y Federalista".
LA NACION quiso saber por qué historiadores de la talla de Tulio Halperín Donghi o Norberto Galasso no fueron convocados. "A Galasso lo invitamos, pero él tiene un costado más marxista y no aceptó. En cuanto a Tulio, representa todo aquello con lo que nosotros disentimos", dijo O'Donnell. En su opinión, la historia de Mitre no será cuestionada. "Yo soy un revisionista que nunca ha hecho antimitrismo. Hay una interpretación malévola, porque se piensa que este instituto ha sido legitimado para servir y venerar a Néstor [Kirchner]. Y no es así. Por otra parte, no se puede ocultar que Cristina Kirchner sabe mucho de historia y su orientación es revisionista", dijo.
Sorpresa y estupor fue lo que causó entre la mayoría de los historiadores la creación del instituto. También hubo un cierto regodeo entre aquellos peronistas atávicos y jauretchistas, ávidos de más liturgia.
"Estoy de acuerdo en que todavía falta una visión más objetiva de nuestra historia, pero leyendo los considerandos y contenidos del decreto, todo indica que se perderá, una vez más, por unos y por otros, la oportunidad de buscar la verdad de nuestra historia", dijo Juan José Llach, ex ministro de Educación y ex viceministro de Economía.
En términos similares se expresó desde Ginebra la historiadora María Sáenz Quesada: "Estoy alejada de las andanzas de nuestros neorrevisionistas y escritores puestos a historiadores. Pero la creación del instituto por decreto, en coincidencia con la conmemoración del Combate de la Vuelta de Obligado, tiene más relación con la política que con la historia, como se ve claramente por la denominación elegida, los objetivos propuestos y la composición de sus integrantes". Para Sáenz Quesada, "en el nuevo Instituto prevalece la antinomia historia popular versus historia elitista, y una idea del revisionismo que viene de los autores que, a partir de 1930, imaginaron la «patria grande» si Rosas no hubiera sido derrotado en Caseros por otros caudillos con una visión distinta del federalismo, como era el caso de Urquiza".
El historiador Luis Alberto Romero también fue muy crítico respecto de la creación del instituto. "El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado. Descalifica a los historiadores formados en sus universidades y encomienda el esclarecimiento de la «verdad histórica» a un grupo de personas carentes de calificaciones. El instituto deberá inculcar esa «verdad» con métodos que recuerdan a las prácticas totalitarias. Palabras, quizá, pero luego vienen los hechos", expresó Romero.
También la ensayista Beatriz Sarlo puso en duda el verdadero objetivo del nuevo instituto (ver aparte).
Los historiadores Mirta Zaida Lobato, Hilda Sábato y Juan Suriano emitieron, por su parte, un comunicado con duros párrafos hacia los intentos oficiales de redefinir la historia. "El decreto pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país -universidades y organismos dependientes de Conicet, entre otras- donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas", señalaron los tres historiadores.

La metodología

Además, objetaron la metodología: "El enfoque maniqueo que el instituto adopta no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, saber científico". Para Sábato, Suriano y Lobato, "a través de esta medida, el Gobierno revela su voluntad de imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva; se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado". A su vez, advirtieron que "se avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial".
O'Donnell lo niega. "La historia oficial nace de ese personaje maravilloso que es Mitre. Alberdi puede ser considerado un precursor del revisionismo por la oposición que tenía con Mitre y Sarmiento, que fue el ideólogo del proyecto oligárquico porteño, cuyas consecuencias hoy sufrimos".
Eduardo Sacheri, novelista y profesor de historia, tiene su propia visión como docente. "En las últimas décadas en las universidades argentinas se ha trabajado mucho en historia, con criterio científico, y se ha tendido a superar los énfasis polémicos. Y me parece que no es una buena hipótesis de investigación partir de categorías como la defensa del ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante, como dice el decreto, ni aludir a próceres".

EN VOZ ALTA

"Este instituto es una corriente que trata acerca de una manera diferente de ver la historia. No se pretende hacer textos para los colegios" MARIO "PACHO" ODONNELL, Presidente del Instituto Revisionista
"El instituto, en coincidencia con la conmemoración de la Vuelta de Obligado, tiene más relación con la política que con la historia " MARÍA SÁENZ QUESADA, Historiadora
"El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado y descalifica a los historiadores formados" LUIS ALBERTO ROMERO, Historiador
"No es bueno partir de categorías como la defensa del ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante" EDUARDO SACHERI, Historiador y novelista



Lo que hay que revisar en serio es el revisionismo
Luis Alberto Romero

Clarín, 15 de febrero de 2012


El revisionismo, convertido en un conjunto de muletillas y consignas, es hoy la verdadera “historia oficial” y alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina.


El Revisionismo histórico insiste, una y otra vez, con que hay que revisar la “historia oficial”. Pero en realidad, lo más urgente es revisar al propio Revisionismo . En sus orígenes, en los años treinta o cuarenta, supo ser una corriente innovadora, creativa y desafiante. Hoy queda poco más que un conjunto de muletillas y consignas, anquilosadas y repetidas hasta el hartazgo por mercenarios del pasado . Hay que revisarlo, y urgentemente. No por razones científicas, pues se puede ignorar esta literatura menor y pasquinesca. Son razones políticas, y serias: el revisionismo, convertido en la verdadera “historia oficial”, alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina.
Los revisionistas declaman contra una versión del pasado que ya no existe; sólo queda la parodia que ellos hacen. Los textos escolares no llaman a Rosas tirano ni a los caudillos bárbaros. Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento o Roca son considerados con sus méritos y deméritos. Nadie defiende en la escuela una versión maniquea del pasado, salvo la del nuevo maniqueísmo revisionista, que hoy las autoridades educativas llevan a las aulas, el Estado difunde a través de sus canales televisivos y el Instituto Dorrego investigará. Esa es hoy la única “historia oficial”.
Los revisionistas afirman que mostrarán la “historia verdadera”, oculta con intenciones inconfesables.
¿Existe una historia verdadera? Cualquiera que lea los diarios sabe que de cada suceso no hay dos versiones sino varias. Y si se pretende ir más allá del suceso estricto y reconstruir un proceso histórico largo y complejo, las explicaciones serán muchas, convergentes y divergentes, cada una con algo que aportar. En cuanto a “lo verdadero” que anuncian, hay mucho “pescado podrido”: suelen limitarse a difamaciones panfletarias y a trivialidades conocidas, tomadas del Billiken.
Nos dicen que la historia fue siempre escrita por los “vencedores” y que ellos contarán la historia de los “vencidos”. Aquí hay algo de miga: los relatos históricos se relacionan con percepciones e intereses de distintos actores sociales y políticos. El gobierno actual construye un relato, que deberíamos catalogar como “de los vencedores” -al menos, se han impuesto en tres elecciones presidenciales-, pero que sin duda ellos preferirán ubicar entre los de los “vencidos”.
Es cierto que hay combates por la historia. Pero son muchos y no uno, único y eterno . Sólo un vigoroso maniqueísmo puede reducir los procesos históricos, largos y complejos, a una sola batalla. Los vencedores de hoy serán con seguridad los vencidos de mañana, o los aliados y compañeros de los nuevos vencedores. El conflicto entre Saavedra y Moreno no tiene nada que ver con los actuales. En cuanto a Rosas, si viviera hoy es probable que fuera muy prudente con las Malvinas, aunque seguramente daría interesantes consejos sobre reelecciones. Pero la mejor lección sobre lo cambiante de los alineamientos está en el día después de Caseros, cuando los rosistas acérrimos descubrieron que habían vivido bajo una tiranía.
En el fondo, existe en el revisionismo una idea que remonta al romanticismo del siglo XIX y es hoy familiarmente conocida como nac and pop. Hay una confrontación eterna entre dos protagonistas: el pueblo y sus opresores.
El pueblo, que es también la nación, porta una esencia eterna e inalterable. Un alma popular -también llamada “ser nacional”- unifica las montoneras federales, el pueblo peronista de 1945 y los actuales movimientos sociales de pobres. Hay muchas maneras de construir estas líneas, pero siempre aluden a un mismo sujeto, popular y nacional.
Su unidad es fortalecida por su enemigo.
Como el Demonio, tiene muchas apariencias pero es uno, eterno e inmutable. Se trata de los poderosos, la anti patria, el imperialismo.
A la Presidenta le gusta trazar esas líneas. Por ejemplo, entre los vencedores de Caseros y sus propios enemigos. Alguien dirá que los de hoy no son exactamente los mismos que los de hace un año, pero en la concepción nac and pop, que es conspiracionista y paranoica, esto es un detalle menor. Se trata de “el” enemigo, siempre conspirando contra el pueblo y contra la Nación.
No tomemos estas cuestiones con liviandad. Es cierto que no resisten ni a la lógica ni a los hechos. Pero tienen algo que toca directamente a los sentimientos y a las pasiones.
El mismo conspiracionismo que alimenta los folletines y telenovelas tiene éxito en los relatos históricos.
El problema está precisamente en su popularidad. El revisionismo histórico ha construido una versión de la historia argentina fantasiosa pero bien vendida. Ha arraigado en el sentido común, y forma parte de lo que la mayoría cree natural y evidente. Suministra las palabras y las imágenes que acuden automáticamente, antes de reflexionar.
Esa es hoy la verdadera historia oficial.
Si se rasca con la uña a cualquiera de sus adeptos, brotan inmediatamente los eslóganes y consignas del populismo nacionalista, con sus héroes y sus villanos. Si se frota más enérgicamente, como Aladino con su lámpara, aparece el “enano nacionalista”. Y si se lo convoca a la Plaza para defender una guerra absurda, allí está. ¿Cómo no se ha movilizar el pueblo en contra del enemigo de la Nación? El 2 de abril de 2012 se cumplen treinta años de una de sus manifestaciones más espectaculares. Es hora de que revisemos críticamente la historia oficial revisionista.



Malentender la historia: por qué revisionismo no es kirchnerismo
Por Pacho O'Donnell

Infobae, 2 de diciembre de 2017


Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, pero su tarea de luchar contra un pensamiento único de la historia va mucho más allá que un momento político


Mi buen amigo Daniel Balmaceda, en una entrevista que le hicieran en este medio, se refirió al revisionismo en términos que merecen ser corregidos. Lo que allí da a entender es que los revisionistas nos erigimos en jueces de la historia. Sería correcto si no le faltase una palabra.
Porque la historia nacional, popular, federal e iberoamericana, como a mí me gusta llamar al revisionismo, se funda en la crítica a la historia liberal. La que fue escrita al fin de las guerras civiles del siglo XIX y que apuntaba a dar un basamento ideológico a la organización liberal, centralista, antipopular, extranjerizante que se instituyó en nuestro país y que perdura hasta nuestros días. Historiografía que ancló en nuestra cultura como un pensamiento único que no dejó espacio ni oportunidad para un debate que estableciera los puntos en común con otras versiones historicistas y también tolerara las disidencias inevitables en una confrontación de ideologías y proyectos políticos diferentes, ya que la objetividad en las ciencias sociales es una utopía a veces malintencionada.
La marginación de los grandes pensadores revisionistas como Adolfo Saldías, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña y otros es una prueba de dicha intolerancia. También lo es la clausura del Instituto Dorrego durante el actual Gobierno.
Tampoco el revisionismo se basa en criticar a los próceres. Muy lejos de ello, nuestra propuesta es reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente. Como fue el caso de la epopeya de la Vuelta de Obligado, primer combate de la victoriosa Guerra del Paraná.
Otro destacado historiador, particularmente enconado con el revisionismo, Luis Alberto Romero, demuestra en cambio conocer al adversario, pues lo acusa de ocuparse de "promesas de grandeza nacional no cumplidas, realizaciones populares frustradas, enemigos internos al servicio de intereses extranjeros y antipopulares que le dan su carácter traumático". Efectivamente, de eso nos ocupamos, pero lo curioso es que Romero lo expone denostadoramente.
Es claro que lo que enoja a Romero, cuyo nivel académico valoro, aunque cuestiono su autoadjudicada representatividad de los escritores de oficio, es el éxito del revisionismo en ganar la conciencia y el favor de la mayoría de la población. Entonces echa mano a un recurso que la política ha puesto de moda: identificar revisionismo con kirchnerismo.
Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, como sucedió en todos los gobiernos peronistas. También en el de Juan Domingo Perón, aunque algunos lo discutan, pero eso es tema para otro artículo. Fueron peronistas la mayoría de sus pioneros o pertenecieron a la izquierda nacional que caminó a la par. Es muy difícil imaginar a un peronista que no sea revisionista, como también a un revisionista que no pertenezca al peronismo o a sus aliados progresistas.
Romero opina en espejo, pues se propone una épica para "desarmar una visión hegemónica" cuando es claro que eso es lo que ha sido y sigue siendo la historiografía liberal, dueña de monumentos, feriados nacionales, marchas patrióticas, denominación de avenidas, calles y parques; también programas escolares y universitarios, cátedras, academias, subsidios, becas, hasta formar a lo largo de los años lo que Nicolás Shumway denominó "la invención de la Argentina", una construcción cultural impregnada de intencionalidad ideológica.
Agradezco el alarmado artículo de Romero, pues tiene más claro que nosotros que la batalla cultural que el revisionismo ha librado y seguirá librando en clara inferioridad de condiciones contra el liberalismo histórico ha logrado resultados positivos.


El revisionismo histórico en cuestión
Gonzalo Rubio García

Infobae, 12 de diciembre de 2017


A lo largo del siglo XX la corriente historiográfica denominada revisionismo histórico ha suscitado distintos debates sobre su idiosincrasia, que, en la mayoría de los casos, ha tendido a confundir las características que dicho fenómeno representaba. De cualquier forma, respecto a la revisión de la historia cabe aclarar que la labor del historiador implica una reevaluación constante de los postulados vigentes sobre diversos temas históricos, noción que implica la natural crítica de las construcciones del pasado formuladas por distintos intelectuales.
El recientemente artículo publicado por Pacho O'Donnell en este medio es muestra de las equivocadas ideas sobre el revisionismo que se pregonan. Al respecto, es necesario establecer algunos puntos importantes.

En primer lugar, el escritor marginó a aquellos autores que no le son útiles para caracterizar al revisionismo como "popular, federal e iberoamericano". Probablemente, los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, y Ernesto Palacio hayan sido los autores más importantes que tuvo esa escuela historiográfica. Sin embargo, no hizo ninguna mención a sus figuras. Por el contrario, nombró a Adolfo Saldías, autor que escribió sus obras a finales del siglo XIX, siendo el revisionismo histórico un fenómeno nacido una vez entrado el siglo XX. Vale aclarar, además, que Saldías dedicó su obra a Bartolomé Mitre, a quien consideraba su maestro.

En segundo lugar, no todos los peronistas fueron revisionistas. Juan D. Perón trató de no inmiscuirse en las "discusiones teóricas", que consideraba una distracción de los ideólogos. Como ha afirmado Arturo Peña Lillo, el ex Presidente abrevaba la historia en la monumental obra de Mitre. De hecho, el peronismo estableció ciertas divisiones entre los revisionistas: Julio Irazusta se presentó como una acérrimo antiperonista que se encontró en la vereda opuesta a Raúl Scalabrini Ortiz, quien había sido un cercano amigo suyo en "esos años anteriores al diluvio".

¿Cómo debemos entender, entonces, al revisionismo histórico? En principio, podemos situar su nacimiento en torno a la década de 1930, momento en que muchos intelectuales argentinos revaluaron sus posiciones políticas frente a la crisis económica de 1929. Distintos escritores, como los hermanos Irazusta, buscaron explicar mediante la historia las causas que habían llevado a lo que, según consideraban, era la decadencia de la sociedad argentina. Bajo esa lógica, el análisis del pasado se transformaba en una herramienta para lograr un cambio en la mentalidad del presente y en un proceso de reivindicación política. Desde ese momento, las consideraciones sobre el revisionismo fueron mutando, pues la década de 1930 se caracterizó por los cambios de posturas entre los intelectuales y la modificación constante en los bandos que se adjudicaban los enfrentamientos.

También se ha tratado de identificar al revisionismo con la mera reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, muchos autores que se consideraron revisionistas, como Raúl Scalabrini Ortiz, mostraron una imagen ambivalente sobre el gobernador de Buenos Aires. Dicho ejemplo ilustra las diferentes vertientes que tuvo el revisionismo, no siempre esquemáticas y, al menos hasta la década de 1960, rápidamente modificables. Parece, entonces, loable considerar al revisionismo como un fenómeno amplio que evita categorizaciones esquemáticas como las planteadas por Pacho. Pero un punto es evidente: el revisionismo mostraba discursos sobre el pasado igual de parciales como los que buscaba refutar.

Al momento que llegó el revisionismo, había muchos autores que no compartían la visión de la historia divulgada por Mitre. Esa característica se hizo más profunda con el correr de los años. Pacho se esmera en dividir la historia bajo dos categorías: liberal y nacional popular. Sin embargo, dicho esquema no sólo margina a muchísimos historiadores que poco tienen que ver con esas dos tendencias políticas, sino que se transforma en una inexacta construcción ideológica que sólo sirve para oscurecer un fenómeno complejo.

La idea de Pacho es "reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente". Sin embargo, dicha postura se presenta igual de tendenciosa que aquella que se propone refutar. Los historiadores deben presentar sus interpretaciones del pasado, construcciones inevitablemente subjetivas, sin aires de revanchismo político, pues la disciplina, entonces, correría el riesgo de transformarse en un campo de batalla partidario en el que la búsqueda por elaborar un relato fidedigno podría ser condicionada según las necesidades políticas del presente.


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lunes, 7 de agosto de 2017

El oficio del historiador y el archivo. Entrevista a Lila Caimari


Por Osvaldo Aguirre
Revista Ñ
Buenos Aires, 18 de julio de 2017
https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/temporada-archivos_0_SJYUDbhB-.html

Según la práctica tradicional, el historiador va al archivo en busca de sus fuentes. Pasa tanto tiempo en la consulta que puede sentirse como en su casa. La rutina, sin embargo, no es la misma con la digitalización de fondos documentales. Al modificar la escena típica de la investigación y allanar el acceso a múltiples repositorios, dice Lila Caimari, el desarrollo tecnológico produce un conjunto de efectos que alcanzan al núcleo del trabajo. El nuevo horizonte de posibilidades permite redescubrir antiguas experiencias y en particular la tarea artesanal que identificó no sin equívocos al oficio, como sostiene la historiadora Lila Caimari en La vida en el archivo (Siglo XXI), su libro reciente.
La negligencia en las políticas de mantenimiento y acceso es una situación que los investigadores padecen, y sobrellevan también con humor, como una historiadora que cita Caimari, según la cual en el trasfondo de las hemerotecas porteñas rige Hefaístos, el dios deforme de los griegos que premia o bien castiga a quienes lo consultan según designios insondables. “No quería un libro enojado, ni la voz de una historiadora quejosa porque el archivo no es como ella quiere. Trato más bien de mostrar cómo funciona ese mundo y sus problemas”, advierte Caimari.

–La vida en el archivo está escrito en un registro muy diferente a sus otros libros. ¿La idea fue contar el detrás de escena de la investigación histórica?

–Había un deseo de hablar y de ensayar maneras de escribir y de decir una práctica y un oficio que es muy intenso y muy rico y que está lleno de vicisitudes. Tengo la sensación de que ese oficio queda muy oculto detrás de la prosa final de los textos de historia. Valía la pena sacarlo a la luz. No es un libro que tenga grandes hipótesis ni que salga a discutir con ideas de historia sino que trata de acompañar una práctica. Doy talleres de tesis desde hace tiempo y son ámbitos muy creativos, donde hay mucho ensayo y error, caminos que se toman y después se desechan, mucho laboratorio de la historia, y me parecía interesante darle un lugar. También hablar sobre cómo es este trabajo, y encontrar maneras de comunicarlo a gente que no está en él, es decir, alejarme un poco y mirarlo con ojos extrañados, desnaturalizarlo. En ese proceso traté de contarles a otros por qué es interesante, por qué es lo contrario de un trabajo gris y rutinario donde solo cuenta la suerte de encontrar algo, cómo se piense. No es un libro exclusivamente sobre los archivos: lo que hice fue elegir la estación del archivo para mirar los procesos y microprocesos de la investigación.

–Uno de los textos está escrito como un diario personal. ¿Lleva registros de sus investigaciones?

–Llevo cuadernos de bitácora donde anoto ideas. Ese diario es un texto muy construido, semificcional pero totalmente verosímil en el sentido de que se apoya en interacciones y conversaciones que he tenido en muchos años de trabajar en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Traté de recrear el clima, esa rutina con sus momentos de maravilla, sus momentos de frustración, sus pequeñas conspiraciones y complicidades, reconstruir ese lazo un poco tácito que nos une a los que estamos allí, cada uno muy ensimismado en lo que está buscando, y contar qué tipo de hallazgos se pueden hacer, la cantidad de líneas de investigación que se abren, la riqueza enorme de ese mundo de las publicaciones periódicas.

–También hay memoria personal desde sus tiempos de estudiante, cuando llevaba un cuaderno con anotaciones sobre periodismo policial. Parece una línea persistente en su trabajo.

–Siempre me interesó el periodismo policial. Todos los que hacemos investigaciones tenemos cuadernitos donde hay centenares de caminos no tomados, pequeños elementos que nos producen curiosidad o intriga y uno tiene que desechar porque busca otra cosa. El archivo de publicaciones periódicas es el lugar de todas las tentaciones, y a veces –ese es otro punto que me interesaba– el desvío es lo mejor que puede ocurrir. Encontrar lo que uno no busca, ver desmentidas las intuiciones o en versiones que no son las esperadas, es una manera de ser sensible a lo que el archivo nos dice. Me interesaba mostrar instancias en las que la red de pescar es lo más amplia posible, y permite rescatar cosas distintas, imprevistas. Uno tarda en encontrar el lugar donde se quiere parar en relación a los temas y por eso quería mostrar experiencias de archivo porosas, y diversas, como esos cuadernitos escritos al costado de las investigaciones.

–¿Cuáles son los riesgos de caer en las tentaciones del archivo?

–Los historiadores vamos al archivo soñando con encontrar el fondo de Alí Babá que nos va a dar todos los materiales más ricos y frondosos con los que después trabajar. Pero a veces es tan intenso que toma por asalto la investigación. Y lo que nosotros hacemos no es reproducir archivos, ni curaduría de documentos. Lo que hacemos es usar los documentos más elocuentes o más expresivos dentro de lo que encontramos para decir lo que queremos decir. En parte es un ejercicio de ventriloquismo porque usamos voces de otros para decir las ideas que tenemos sobre un período o un problema en particular. A veces esas voces cambian o corrigen nuestra idea inicial, hay un equilibrio entre ser sensibles a lo que nos dice el archivo y mantener las riendas de la voz y el camino propio. Algunos tipos de archivo, sobre todo los más narrativos, son tan ricos cualitativamente que fascinan y nos dejan un poco afuera en la medida en que es difícil intervenir. Tenemos que hacer un trabajo de ensamblaje, en el cual la cadena del razonamiento y del argumento se entrelaza con esos ejemplos del pasado. Si eso no está bien controlado transformamos al texto en una sucesión de citas. La cuestión es seleccionar bien, y a veces es muy difícil porque uno está muy apegado a lo que recogió y nos parece que todo es indispensable. En general nos quedamos con pocas piezas, las que insertamos en un argumento mayor. Pero ese archivo descartado no está ausente: acompaña, late bajo el texto, porque nos ha convencido de muchas cosas.

–¿Qué cambios produce la disponibilidad actual de los documentos en el trabajo cotidiano del historiador?

–Los historiadores de mi generación, como los de tantas generaciones previas, fuimos formados sobre la idea de la economía de escasez documental y estamos presenciando una transición vertiginosa hacia una economía de superabundancia. De ninguna manera la digitalización viene a remediar los enormes problemas de los archivos que tenemos, pero permite sortear muchas barreras para llegar a materiales que antes eran de acceso muy difícil. Eso cambia radicalmente nuestra concepción de lo que hacemos y efectivamente ha devaluado un valor antes muy importante, que eran lo que llamo las astucias del acceso. Y esa es una muy buena noticia. El acceso más democrático, más sencillo, desdibuja la figura del investigador héroe, o del investigador detective, y pone más valor en las maneras en que tratamos esos materiales, qué hacemos con ellos. El diseño, la manera en que articulamos las piezas y aprendemos a desplazar archivos de una sede a otra, es un valor cada vez más importante. Este momento también trae sus peligros, porque entramos en un territorio en el cual se pueden hacer todo tipo de movimientos y tenemos menos conciencia de las especificidades de los archivos. Todo está en nuestra pantalla, todo es igualmente accesible y entonces hay un riesgo nuevo, la despreocupación por los contextos de origen.

–¿Cuáles son las nuevas preguntas del oficio?

–La pregunta sobre qué destreza requiere hacer el trabajo del historiador está siempre, y la respuesta se está modificando. Es un momento incierto pero también muy excitante porque abre la puerta a una cantidad de operaciones muy creativas. La pregunta sería qué hacemos con las viejas destrezas del oficio. ¿Importa seguir yendo al archivo o es una cuestión de nostálgicos conservadores? Hay un discurso sobre la relación sensual con los materiales, sobre la importancia de leer en papel, de tocar, sobre el valor de la conexión con el pasado a través de la relación táctil con el objeto. En algunos casos es así, y es importante mantener algún tipo de contacto con el archivo físico. No me parece que el acceso ingenuo y acrítico a este nuevo mundo feliz de los archivos digitales sea tampoco la manera. En todo caso, nos debemos una reflexión y un aprendizaje de cómo relacionarnos con estas posibilidades, preguntarnos qué es hoy un archivo aceptable para una investigación. Depende de los temas. A veces no es necesario un festival de fuentes cruzadas sino lecturas más densas de corpus acotados, la destreza del trabajo intenso sobre pocas fuentes. Finalmente lo que importa son las preguntas que le hacemos al archivo, y lo que armamos con lo que nos dice.

–El archivo puede revelar datos a deshora o en el momento oportuno. ¿Tiene su propio tiempo?

–Es un tiempo sincopado. Uno puede adquirir ciertos instintos, saber por dónde buscar, y hay gente que los tiene y además es apasionada de la investigación de archivo. Yo no lo soy ni más ni menos que otros, lo que me interesa es escribir sobre el asunto, hablar de esa práctica. A veces surge la pieza que hace cambiar de dirección pero al cabo de un tiempo uno ya conoce ese universo paralelo como para saber que difícilmente encuentre piezas que pongan todo en cuestión. Ahí el rendimiento decreciente del archivo empieza a hacerse evidente, uno va para encontrar mejores ejemplos de lo que ya sabe, partículas que confirman y vuelven a confirmar la idea que se tiene. Ahí algunos decidimos que ya está y otros siguen yendo y yendo, hay algo adictivo en algunos casos. No me atrae el culto ni el fetiche. Tengo una relación intensa pero vital con el archivo. No me interesa un acomodamiento pasivo sino las operaciones que ese mundo ofrece y todo lo que uno puede hacer con él.

La obligación histórica de hablar siempre del pasado

La publicación de Apenas un delincuente, el libro de Lila Caimari sobre la historia del castigo en la Argentina, fue un poderoso impulso para el desarrollo de un nuevo campo de estudios, el de la cuestión criminal. Un espacio de producción sostenida al que pronto se agregará Historia de la cuestión criminal en América Latina, compilación de Caimari y Máximo Sozzo que reúne artículos de investigadores de Argentina, Brasil, Chile y México. “A partir de la pregunta por el delito uno puede armar reconstrucciones sobre muchísimas dimensiones del pasado. Este campo puede hablar de cuestiones de género, de clase, de raza, de formación del Estado, de élites técnicas estatales, depende cómo uno entre y cómo mire puede ir en direcciones muy distintas. Es una de las razones por las cuales no se ha quedado en un nicho específico”, dice la historiadora.

–¿Cómo se articulan esos estudios con la demanda social de explicaciones sobre el delito y sus causas?

–No hay un diálogo suficientemente fluido. El campo todavía no ha producido obras de síntesis capaces de hablar con los que no son especialistas. Nos debemos trabajos dirigidos a la opinión pública, que nos permitan dialogar con los que trabajan sobre el presente y sobre el pasado reciente, con los sociólogos y los antropólogos. El pasado es muy largo, pero vamos avanzando. Este es uno de los pocos campos de la historia a los que se les exige que hable sobre el presente. Nosotros producimos saber sobre el pasado y a la vez en perspectiva histórica sobre cuestiones que importan en el presente. En ese sentido es un campo distinto a otros de la historia: a la gente que trabaja historia política del siglo XIX nadie le pide que lo relacione con lo que pasó la semana pasada. A nosotros nos piden eso todo el tiempo y son saltos difíciles de hacer. Hay otro problema: se nos pide que proveamos los antecedentes de lo que pasa hoy, ir hacia atrás y mostrar una línea recta que conduce hasta el presente. Y la historia no hace eso. La idea de causalidad de los historiadores es compleja y en ese sentido nuestras respuestas son frustrantes, y no hay mucho tiempo para considerarlas. Esa obra de síntesis va a ser producto de una maduración.

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